Me pasó por terco.

Esta mañana salí a trotar.

Es bueno hacer ejercicio para mantener la salud espiritual y física. Antes de empezar es necesario hacer trabajo de estiramiento para los músculos.

Después de haberlo hecho, estaba a punto de comenzar, cuando Dios puso en mi corazón usar una ruta diferente a la habitual; era dentro del pueblo.

Miré a izquierda, miré a derecha. La ruta trazada por Dios me pareció corta y demasiado sencilla, por lo que el cuerpo no sería exigido al máximo, así que decidí por la ruta conocida.

Cuan grave error cometí. ¡Casi me muero del cansancio! Logré hacer el recorrido de milagro. Llegué con la lengua pegada al piso, sin aire, usando más tiempo del habitual y literalmente rogando a Dios me permitiera terminar. ¡Dios mío, por fin llegué!

Resulta que la sugerencia de Dios en verdad era más sencilla y sin importar cuan corta o larga era, la sugerencia divina tenía como fin evitarme los vientos contrarios que esa mañana eran más fuertes. Por ser una senda fuera del pueblo el viento casi no me dejaba avanzar, me vi obligado a redoblar el esfuerzo para llegar a la meta.

¿Te sonó familiar?

¿Cuántas veces Dios nos indica un camino más sencillo, queriéndonos evitar un desgaste mayor y nosotros preferimos el aparentemente conocido para al final darnos cuenta que nos equivocamos?

No en vano nos dice la biblia: “Hay caminos que al hombre le parecen derechos pero al final está la muerte” Pr 16:25, reforzado con la sugerencia de “No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal” Pr 3:7

Estoy seguro, de haber tomado la ruta sugerida por Dios, la jornada no habría sido tan dura. ¿Por qué? Porque en la que elegí, al regresar, el viento me era en contra con pendiente cuesta arriba. En la de Dios, el viento me hubiese sido favorable con pendiente cuesta abajo.

Dios siempre tiene la razón.

Ten esto presente al tomar una decisión o iniciar un proyecto. Por muy lindo que te parezca si Dios dice “Ese no es el mejor camino, tengo una senda más sencilla” cree que la hay, y transita por ella con toda confianza, porque el deseo continuo de Dios para sus hijos es el bien. Jer 29:11

O. C. M.

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