¿Una cortada de bandita o de puntos?

Me encanta cocinar.

Me fascina la escogencia de ingredientes, combinación de sabores, procesos de cocción y presentar de manera elegante el producto final.

Un plato bien elaborado es una obra de arte. La magnífica combinación de colores y aromas.

Sin embargo, la cocina es un arte peligroso. Se trabaja en medio de gas, fuego, elementos calientes, objetos corto punzantes. Así como todo carpintero se ha pangado, todo cocinero se ha cortado y no soy la excepción.

En cierta oportunidad mientras cortaba un pedazo de carne, también corte la palma de mi mano. ¡Auch! Que dolor, y como la sangre es escandalosa, se podrán imaginar el show que le sigue.

No fue agradable sentir el acero dividir mi carne, como tampoco lo es cuando la biblia parte mi alma y espíritu. Penetra con fuerza y quebranta coyunturas, tuétanos y enrostra las verdaderas intenciones del corazón. Hb 4:12

La biblia como promesa es un amor. Como objeto cortante, más poderosa que espada de dos filos, es dolor.

En ocasiones, a mis ojos estoy haciendo las cosas bien. A mi juicio las acciones son correctas hasta que las filtro con la luz de la palabra y, me doy cuenta que no es como pensaba; hay comportamientos erróneos del corazón que deben ser corregidos.

Me sucede como al rey Josías quien hacía las cosas bien; se trazó el objetivo de encaminar al pueblo en una búsqueda sincera del Dios de sus antepasados, pero un día le entregaron un libro que le hizo rasgar sus vestiduras en señal de duelo.

Al oír lo allí escrito supo que a pesar de las reformas hechas, el pueblo había fallado en el cumplimiento de los mandamientos divinos. Por eso se conmovió, humilló y hasta lloró cuando el libro de la ley fue leído en su presencia.

Con esa misma actitud es que debemos leer las escrituras. Con un corazón humilde y abierto dispuesto a ser herido de ser necesario.

El procedimiento para sanar es el mismo. Limpiar la sangre con antiséptico, poner una bandita si es superficial o puntos en caso de ser profunda. Dios usa su palabra para ambas cosas; hiere pero también sana. Como está escrito “Si Él (Dios) hace una herida, también la vendará, si con su mano da el golpe, también da el alivio” Job 5:18

Aunque me he cortado en varias ocasiones, no he dejado de cocinar, y aunque la biblia me ha cortado no la he dejado de leer porque Dios se fija en el hombre que tiembla ante su palabra.

¿Hace cuánto no te cortas?

O. C. M

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