Fuera de Facebook
Hace unos días me di cuenta de que estoy libre de Facebook. No cerré la cuenta ni tengo planes de hacerlo, pero creo que estoy afuera de este ente que ahora es parte importante en la vida de la gente.
Al principio Facebook me parecía un buen servicio, publicabas cosas, compartías, te divertías. Pero poco a poco me di cuenta de cómo se volvió algo relevante para las personas. Algo muy importante. Demasiado.
No es raro escuchar reclamos, hacía mí u otros, del tipo ¿por qué no me has aceptado en Facebook?, ¿por qué no diste like en la foto?, y la que más ofende: ¿por qué no dejas que te etiquete en Facebook?

Por un lado, creo que Facebook tiene demasiada información de las personas. Sabe dónde estuviste, quiénes han sido tus novias o novios y durante cuánto tiempo, qué te da risa y qué no.
Hace un par de años, creo que unos tres o más, dejé de usar Facebook para registrar mi vida. Al año tengo dos o tres posts, un par de álbumes de fotos y algunos links relacionados con mi trabajo. De hecho, en 2015 fueron quince posts de los cuales diez fueron links. Hay personas que me observan incrédulos que esa es la razón por la que no acepté su solicitud de “amistad”.
Hace poco, alguien que se jacta de ser stalker en Facebook y obtener toda la información posible de esta plataforma, una metiche pues, me retó a encontrar cosas personales en mi Facebook. Al final ni siquiera pudo encontra la cuenta de mi novia con quien llevo una relación de cuatro años. Porque Facebook no lo sabe y no quiero que esta máquina de anuncios sepa cosas de mi vida personal. También le di “unfriend” a la metiche.
En la oficina existe un mundo paralelo, lleno de alegrías, risas y conflictos. Todo a partir de comentarios, fotos y likes. Sé que estoy fuera de Facebook porque no me entero de esas cosas. En las reuniones cuando alguien toma una foto “para el face”, para mí termina en cuanto la toman, no tiene un rastro de Me Gusta, felicidad o conflictos posteriores.
Estar fuera de Facebook no es cerrar la cuenta, de hecho no pienso hacerlo. Todos los días entro para ver el feedback, a veces sagaz, a veces estúpido, de las personas que opinan sobre las notas que publico en el medio en el que trabajo. Me sirve para saber qué opinan y no es raro que ofrezca disculpas por mis errores.
Estar fuera de Facebook es no permitir que sea algo relevante en mi vida. Si hoy desapareciera para siempre dicho servicio no habría la mayor diferencia. No es algo para presumir, pero es agradable vivir con un grillete menos.