LA NUEVA VERSIÓN DEL MURO FRONTERIZO

No deja de generarme curiosidad y hasta un poco de risa la seriedad y preocupación con la que muchos mexicanos toman la construcción del muro que ha propuesto el hoy presidente Donald Trump.

El muro que divide Nogales, Sonora, y Nogales, Arizona. (2011)

El muro es una enorme barda que dividirá a México y Estados Unidos. Una barrera física que evitará que los migrantes crucen, migrantes que desde el punto de vista de la agenda Trump son asesinos y violadores.

La risa que me provoca viene del hecho de que el muro ya existe. Desde hace años.

Crecí en la frontera, Nogales es una pequeña ciudad en el noroeste de México que es parte de los más de 3 mil 100 kilómetros que unen a Estados Unidos Mexicanos con Estados Unidos de América.

Hasta principios de la década de los noventa, la división entre Nogales, Sonora, y Nogales, Arizona, era un cerco de malla ciclónica. A menos de 200 metros de la garita, donde la gente con visa cruzaba de forma ilegal, estaba el “hoyo”. Literalmente un hoyo en el cerco por el que la gente cruzaba, la mayoría para ir a hacer compras y regresar.

Aún y cuando tenía visa, cuando estaba entre la niñez y la adolescencia, crucé varias veces por el “hoyo”, simplemente por diversión o para acompañar a otros que no tenían el documento.

Fue alrededor de 1993, durante el gobierno de Bill Clinton, cuando el cerco comenzó a convertirse en un muro. La malla ciclónica desapareció para ser sustituida por láminas de más de tres metros de altura. Decía la gente que las placas de metal habían sobrado de la Guerra del Golfo, pero nunca supe si eso era verdad.

Allí nació el muro y se endurecieron las políticas anti-inmigrantes. La parte fronteriza de Nogales, Arizona, comenzó a tener cada vez más agentes de la Border Patrol. El “hoyo” se convirtió en una anécdota del pasado y desde entonces sólo se podía cruzar con visa.

Después del 11 de septiembre de 2001, yo ya no vivía en la frontera, y durante los viajes para visitar a mis padres vi cómo se fue endureciendo la frontera entre ambas ciudades. Hoy el muro existe, es una barrera de fuertes láminas que recorre casi mil kilómetros, un tercio de la frontera entre los países.

El muro es real. Allí está, aunque la mayoría de los mexicanos nunca lo haya visto. Separa el paisaje, evita que crucen personas y modificó la población de cientos de especies de animales y plantas.

Lo que vende Donald Trump es una idea para quienes creen que el muro no existe. Promete que será de concreto. Es un cambio, básicamente, estético. Hará una nueva versión, un remake, de un objeto que tiene décadas allí.

Lo que ha funcionado es la idea del muro. Una “frontera real” que protegerá a los estadounidenses de los malignos mexicanos. Y la verdad es que a los habitantes de México no debería preocuparnos algo que ya existe.

¿Alguna vez has tenido un mal vecino? Un vecino mamón. Que pone bardas altas y alambres de púas para proteger su patrimonio y esconder las posesiones que con gran esfuerzo ha comprado en Walmart a meses sin intereses. Un vecino que cree que los demás de la cuadra no lo merecen, porque hacen fiestas y hay niños jugando en las calles. Eso es hoy el gobierno de Estados Unidos.

Debemos dejar de preocuparnos por un muro que ya existe y prestar atención a nuestros problemas internos.