Cinema Paradiso

Hace unos días vi por enésima vez Cinema Paradiso, que dicho sea de paso, la considero la mejor película de la historia (y es por tanto mi favorita). La penúltima vez que lo hice fue hace ya más de dos años en una sala grande como las de antaño. Aquella vez me dejé llevar por las emociones que habrán sentido quienes la vieron así a finales de los años 80 y en esta ocasión fui un poco más perceptivo hacia la historia. Es inevitable conmoverse en algunos pasajes, particularmente en aquella historia del soldado y la princesa o en los infortunios de Totó y Alfredo, no digamos en la escena final que es una cosa maravillosa. Calma, no les he spoileado nada. Aún. Pero desde entonces llevo dándole vueltas a la escena (aquí sí viene un spoiler, que no les echa a perder la película, pero ustedes deciden si siguen) en la que Totó deja su pueblo y lo que le pide Alfredo. Por un lado, le dice “lo que termines haciendo, ámalo, de la misma manera que amaste la cabina del Paradiso cuando eras niño”, pero también le ordena no regresar nunca y quedarse en Roma. ¿Es tan poderoso un recuerdo que pueda evocar y replicar el amor sin tener que volver al lugar donde ocurrió y a las personas con las que se forjó?

La canción de hoy. ¿Qué otra podía ser?

Y esta es la escena final, por si la quieren recordar.

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