La culpa no es de Uber

Lo explicaré primero desde el fenómeno de la reventa. Cuando en un espectáculo (deportivo, musical, el que sea) hay más gente con deseo de ir que asientos disponibles, los organizadores suben los precios. Pero no solo eso. Un grupo de personas acaparan un porcentaje de las entradas que ofrecen a un monto todavía más alto. Por increíble que a algunos les parezca, hay gente que lo paga. Es ley de oferta y demanda, algo que nos debieron enseñar desde la secundaria, pero que solo quienes llevamos alguna clase de economía en la carrera conocimos.

Claro, la reventa es ilegal en México, pero está regulada en otros países. Los revendedores dejarían de existir si nadie les comprara, pero… Sí, ley de oferta y demanda. Y no, en este caso, al ser ilegal, no se justifica.

Hay revendedores porque hay quien compra en reventa. Hay vagoneros en el metro porque hay quienes les compran. Hay tarifa dinámica de Uber porque hay gente que la acepta.

Sí, el caso de Uber es algo similar al de la reventa, solo que todo estuvo dentro de la legalidad. Hay muchos usuarios buscando un auto, más de los que están disponibles, por lo que la empresa echa a andar su tarifa dinámica que obedece exclusivamente a… ¡Sí, la ley de oferta y demanda! Y el precio se va ajustando a encontrar un punto de equilibrio entre el número de unidades en las calles y los que están dispuestos a pagar por ellas.

Así que la culpa no fue de Mancera, sino de los que, pensando que antes muertos que sencillos, prefirieron pagar un servicio que subió hasta a nueve veces su precio regular. Pero ah, como le hicimos creer a Mancera que sí fue su culpa porque cómo rayos nos quiere obligar a subir al metro (que está a menos de la mitad de su costo real de servicio), ya intervino en un negocio privado para regular su tarifa y, oh salvador nuestro, Uber ya solo puede cobrar a razón de 1.0.

Sarcasmos fuera. Aquí lo que me llama mucho la atención es como cuando Uber se vio amenazado hace más o menos un año, quienes lo defendimos (me incluyo) lo hicimos bajo la premisa de que no podía regularse como un taxi por ser un servicio privado, pero ahora que el servicio privado exhibió el lado oscuro del libre mercado, no, que se regule como taxi. Es más, Uber avisa desde un principio el multiplicador de la tarifa dinámica y un rango de precio probable del viaje, es decir, no engañó ni obligó a nadie a usar su servicio.

Entonces, ¿somos o no somos? La culpa no es de Uber, sino del que lo hizo compadre.