Los medios convirtieron al villano en víctima

Si a un niño le dices que deje de comer su dulce favorito, lo volverá a hacer, pero sin que te enteres de ello.

Le puedes dar un sinfín de argumentos, todos ellos ciertos, desde los dientes picados hasta una eventual diabetes que sufrirá cuando sea adulto por su adicción al azúcar. Le darás varias opciones más sanas para saciar esos antojos, tal vez hasta algunas le gusten, pero seguirá mordiendo esa paleta fabricada con toda clase de químicos y azúcares refinadas.

Durante los últimos días, cientos -quizás miles- de análisis políticos han tratado de explicar lo que hasta antes del 8 de noviembre era innecesario de explicar. El 29 de octubre, el New York Times colocó un 91 por ciento de posibilidades de ganar la presidencia para Hillary Clinton, lo que tradujeron en términos deportivos como las mismas de acertar un gol de campo de 31 yardas. Cuando leí eso, pensé en ese partido entre Seattle y Arizona, donde los pateadores de ambos equipos fallaron goles de campo a distancias menores en tiempo extra para ganar el partido.

Antes de que empezaran a fluir los resultados de la elección, el mismo pronóstico del NYT era del 85 por ciento.

Hillary hizo un Catanzaro y Hauschka. Hizo un Golden State Warriors. Hizo un Cleveland Indians. “La cruzazuleó”. Vaya, como decía cierto cronista deportivo mexicano hoy avencindado en Miami: la tenía, era suya y la dejó ir. Bueno, máaas o menos. En realidad, los medios pintaron un escenario de un gol de campo de 31 yardas que en realidad era como de 50. Enorme diferencia para un pateador o para un candidato presidencial. Las encuestas, con metodologías similares en cualquier parte del mundo, fallaron con el Brexit, el acuerdo de paz en Colombia y la presidencia de Estados Unidos. ¿Por qué? Por el efecto del niño obstinado que quiere seguir chupando su paleta porque sabe rica. En elecciones tan cerradas, si vas a votar por el o lo impopular es mejor no contárselo a nadie, porque a nadie le gusta que le digan que tendrá diabetes.

Pero el asunto va más allá de un capricho pueril. Las elecciones en Estados Unidos son permisivas en aspectos puntuales que en México son impensables o absurdos, como el apoyo abierto y manifiesto del presidente en turno a su candidato (quiero verlos si EPN hace el mismo teatro con el candidato del PRI en 2018) y de medios de comunicación respaldando abiertamente a alguno de ellos (que fue el mismo en este caso) mediante sus editoriales, abriendo la puerta a poder ampararse en teorías conspiratorias de coberturas imparciales e información falsa.

Sí, señoras y señores: millones de estadounidenses pensaban que Fox News decía la verdad y el New York Times mentía. Esa es la realidad que no se quiso ver.

El apoyo manifiesto y masivo de los medios estadounidenses hacia Hillary Clinton fue el golpe maestro para consolidar la candidatura de Donald Trump. Victimizaron al villano. El miedo de tener a un presidente fascista, xenófobo y racista llevó a muchos periodistas a planear estrategias más viscerales que inteligentes. Donald Trump nos hizo ver que aquel Estados Unidos donde los negros van en los asientos de atrás de los camiones aún existe, nunca se fue, sólo se silenció por miedo a ser cuestionado, pero seguían chupando la paleta. Los medios no quisieron verlo y montaron un discurso de mesa de redacción (informada, visionaria) llevado a sus publicaciones para un público que lejos de estar informado y ser visionario, ve sólo por sus intereses individuales. Esa es una actitud llena de ego… de los medios.

Sí, de los medios. Por pensar que su audiencia tiene los mismos intereses que ellos. Por no entender los límites entre dar la nota y ser la nota. Por pensar que todos saben lo mismo que nosotros. Por no entender que en las mesas de redacción no hay granjeros cazalatinos de Arizona, ni retirados que odian a los negros (afroamericanos, perdón. ¿Por qué la palabra “negro” es despectiva?), ni que hay latinos que sacrificaron un montón de cosas para llegar a desechar sus raíces en favor de vivir el american way of life.

Lo más difícil que existe para una persona inteligente es controlar su arrogancia.

La victimización es la cosa más rentable de la historia. Para crear un héroe, hay que ponerlo en una situación adversa, y eso fue lo que provocó cada editorial de apoyo en favor de Hillary Clinton. Los medios, sin darse cuenta, montaron una narrativa donde convirtieron al villano en víctima, pero para saber eso hay que ir a darse una vuelta a los ranchos de la franja central de Estados Unidos y no voltear a ver Twitter.

Pero el villano, aunque se vista como víctima, sigue siendo villano. Y lo que tenemos en frente es una incertidumbre total para millones de personas, países enteros y donde sólo nos podemos amparar a que Trump se comporte como un político y no cumpla sus promesas de campaña, lo cual, irónicamente puede no pasar, pues no tiene experiencia previa como tal.

Entendamos una cosa: una de las grandes lecciones que nos ha dejado el caso Trump es que la mala publicidad es la mejor de las publicidades. El ruido es molesto, pero da presencia; el silencio te desaparece.