“Misión cumplida”

Con esta frase, digna de título de película de suspenso o del más común de los clichés (valga la redundancia), Enrique Peña Nieto celebró la recaptura de Joaquín Guzmán Loera, el “Chapo”, el narcotraficante más buscado del mundo. No dudo del esfuerzo y del despliegue de todas las fuerzas de seguridad desde su fuga hollywoodense (para seguir en el mood, pues) del penal del Altiplano, pero poner como misión cumplida lo que en realidad es solo un pequeño paso para resolver el problema coloca al gobierno mexicano en una zona de confort que ayuda en nada al país. El problema no es tener o no tener al “Chapo” en una cárcel, sino que deje de operar desde ahí, porque francamente sus dos estancias en penales solo han sido cambios de residencia; que existan oportunidades suficientes de desarrollo en zonas vulnerables para que el narco no llegue a cubrir carencias básicas (escuelas, hospitales, agua potable y un largo etcétera) y obtenga protección de sus habitantes sin siquiera tener que pedirlo; que existan las condiciones para que no se vuelva a escapar en las narices de sus captores. Y, para ser justos, que el ciudadano promedio entienda que su consumo de drogas recreativo nos convierte en una narcoeconomía. Solo entonces, tal vez, la misión sí estará cumplida.

La canción de hoy (tómese con ironía)

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