La corrida de toros
Nunca he ido a una corrida de toros ni está en mis planes, no me gustan, no tengo una postura sobre el tema, pero he aprendido algunas cosas sobre ello. El toro sale con miedo al ruedo, aturdido por el encierro y alumbrado por la salida a la intemperie (claro, cuando no es un lugar techado). Busca una esquina para refugiarse y precisamente por eso el ruedo es un ruedo y no un cuadro, para obligar al toro a pelear por su vida. Entiendo -insisto, sin conocer a fondo el tema- que al toro se le califica por su bravura, es un animal de media tonelada con una imponente cornamenta como medio de defensa, pero inseguro y temeroso. El toro tiene instinto, el torero tiene inteligencia. Teóricamente, el torero debe ser seguro y valeroso. El torero hace la faena a un toro herido física y emocionalmente, pero un solo movimiento inesperado del toro puede acabar con la vida del torero. Los dos tienen poder. Los dos pueden matar a su oponente y por lo general es el toro el que muere, supongo que como una analogía de la supervivencia del más apto, por lo cual el ser humano se convirtió en la especie dominante del planeta. Desafortunadamente, solo un juez de plaza, un tercero que quizás jamás en su vida haya estado en un ruedo, puede salvar al toro, juzgado por su bravura, aún cuando el torero pueda sentir compasión por él. ¿Qué pasaría si el toro y el torero tuvieran el poder de perdonarse entre sí y no solo de matarse?
Ojo, repito: no me gustan las corridas de toros. Solo es un pensamiento.