perdón

si es que te he fallado.

ayer enrique krauze publicó en el new york times un artículo titulado what mexico’s president must do — y traducido al español en letras libres. el texto inicia con un elogio a peña, quien “ha mostrado, dice, un liderazgo notable en la aprobación de reformas clave destinadas a reanimar la economía e impulsar el desarrollo del país” — si de citar canciones se tratara, habría que apuntar que peña, con sus reformas, nos dijo que sí pero no nos dijo cuándo: la economía se despeña y, aunque no cabía esperar resultados inmediatos de las reformas, tampoco el pobre desempeño que los números revelan.

pero pese al “notable liderazgo”, a peña se le atravesó una grave crisis: tlatlaya, ayotzinapa, la casa de su señora. eso — sigue krauze — sacó a miles a las calles quienes atribuyen responsabilidad al gobierno de peña y cuestionan su legitimidad. ¿cuál es la salida a esta crisis? “la única opción — afirma — es que, en el marco de nuestra joven y frágil democracia, el gobierno logre consenso político y social para afianzar con solidez el imperio de la ley.” para hacerlo — continúa krauze — el gobierno necesita credibilidad: hacer cambios de fondo en el gabinete, remover al secretario de comunicaciones (quien, con un poco de dignidad, renunciaría tras que peña, al anular la licitación que él avaló, pusiera en duda su trabajo), y reconocer “las sombras” del asunto de la casa blanca.

“la petición más difícil que yo haría — concluye krauze — es que el presidente encare a la nación, reconozca sus errores y ofrezca una disculpa al pueblo mexicano. nada confiere mayor nobleza a una persona en el poder que reconocer su propia humanidad.”

¿basta con pedir disculpas? la disculpa no está de más: funciona en el terreno simbólico en el que también opera la crediblidad. pero la legitimidad es otra cosa. la legitimidad basada solamente en la credibilidad del gobernante lleva al caudillismo que krauze ha criticado. peña no debe sólo disculparse para recuperar una supuesta credibilidad: debe demostrar sin lugar a dudas que no hubo ningún conflicto de intereses en lo de la casa de su señora; debe garantizar que no ha habido responsabilidad — o irresponsabilidad — en las decisiones que han costado la vida de miles de mexicanos. eso no se arregla con una disculpa, por más fuerza simbólica que tenga. sí, nixon se disculpó — en la famosa entrevista con david frost — pero antes renunció. y sí, clinton sólo se disculpó sin renunciar, pero fue por que lo suyo, en comparación con miles de muertos y con la presunta corrupción en el gobierno de peña, no fue sino… bueno, ya lo saben.

ps. hoy sabemos gracias al wsj que luís videgaray, secretario de hacienda, también compró una casa al mismo grupo que la señora de peña, en condiciones, digamos, inusuales para el resto de los mexicanos. videgaray saldó el crédito de su casa de campo en 15 meses — alejandro hope ya hizo las cuentas de lo que eso implica. videgaray, cínico, dice que no hubo conflicto de intereses y, desvergonzado, afirma que no renunciará porque es secretario por decisión del presidente — un presidente envuelto en un escándalo por no asumir ni explicar su propio caso de… ¡conflicto de intereses! mientras, la auditoria superior de la federación se niega a investigar un “asunto entre particulares”. la terrible corrupción en el gobierno mexicano que siempre ha sido un secreto a voces hoy queda en evidencia. no hace falta que se disculpen: deben ser investigados.

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