¿Cuánto va del lanzamiento de «A moon shaped Pool»? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Importa?

¿Se puede escribir sobre él con ese periodo de tiempo en el espacio? ¿Qué pueden decir los entendidos – y los no tanto – que sea un verdadero aporte? Es más, el periodismo musical, ¿puede aportar algo a la música?

Me gusta el ejercicio de mezclar palabras con lo que escucho, no con un afán crítico – lo que me parece una soberana pérdida de tiempo – si no con el leitmotiv de entender sensaciones y emociones. Finalmente el arte, en general, está para estremecernos, para explotarnos o reducirnos; algo tiene que pasar, algo tiene que venir después de una obra, de lo contrario se muere. ¿El arte está para entretenernos? No, el arte debe emocionarnos, de distintas formas, pero emocionarnos.

¿Qué pasa con Radiohead? ¿Qué pasa con su obra?

Sigo a la banda hace muchos años, (aquí debo expresar que soy fan desde el The Bends y no desde el OK. Computer casi como un Early Adopter Milenial de alguna pelotudez, casi como si eso significara algo o te diera puntos por ser… emm, un poco más engrupido) y hace un par de semanas hice el ejercicio de escuchar sus discos en orden cronológico, al estilo maratón de series, y sí, siguen emocionándome y estremeciéndome como siempre – ¿puedes quedar ajeno a «Just» o a «Last Flowers»? – y junto con esto entendí cuanto me alejan del resto.

¿Es Yorke un weirdo? Obvio, y quiere que todos nosotros lo seamos con él? Claro que sí.

Me pasó con «AMSP» lo que me pasa con cada nuevo lanzamiento de Radiohead desde el Kid A, necesito alejarme, irme, concentrarme solo en el disco y en nada más, viajar en los acordes, en las melodías, en los hielos y en los fuegos que trae consigo, conversar con los ángeles y demonios que aparecen invocados, y que son los propios, no son los de Thom, son los míos, que hacen eco de lo que suena y me lo escupen y ahí voy nuevamente, entendiendo y desentendiendo mis propios procesos, revisando cada paso hasta la fecha, todo por 50 minutos de música, 50 minutos que me cuestan semanas y que dejan, inevitablemente, consecuencias, ni buenas ni malas, solo consecuencias.

¿Es necesario escribir sobre la parte técnica de un disco cuando lo importante, como un cuadro, es lo que provoca? Como la buena lectura, que te atrapa, que te ata las manos a un manojo de papeles, que te despega los pies de la tierra… ¿es necesario destrozar el momento? ¿Es necesario averiguar si el recién nacido será un genio, un loco o un imbécil? ¿No es mejor darle tiempo, y con eso, nosotros mismos darnos el tiempo de entenderlo?

Yo solo viajaré con «AMSP», me encantaré y desencantaré con sus bovedas. Para hablar habrá tiempo, tal vez unos 15 años más, cuando recién podamos entender la magnitud del contexto, del año y del disco.

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