Cuando la literatura se encontró con otras artes

Parece que últimamente hablo mucho de lectura y literatura. Supongo que es normal porque es a lo que me dedico. Sin embargo, hoy no quiero quedarme solo en eso. Quiero charlar con vosotros acerca del poder creativo del ser humano.

Como dije hace no mucho, la palabra es la herramienta más poderosa del ser humano. Hoy día es posible hacer muchas cosas que han surgido gracias a la comunicación y la evolución del pensamiento. Muchas son agradables y otras tantas son deleznables. Pero no estamos aquí para hablar de eso.

La traducción de las ideas del pensamiento para que sea descomprimida y entendida por el receptor no siempre se hace en palabras. Dicen los sabios que describir es dibujar en un lienzo con palabras. Y escribir es representar la realidad por medio de las palabras. Pero también es posible describir y transmitir por medio de una imagen (una imagen vale más que mil palabras) o la música, por ejemplo (la partitura de nuestra vida).

En los cuentos infantiles, la literatura para los primeros lectores, el pop-up, los álbumes ilustrados (también los hay para adultos) es habitual encontrar la palabra acompañada de ilustraciones, composiciones o fotografías. Esto es posible porque el apoyo visual estimula el pensamiento y facilita la recreación en nuestra mente de toda una historia. Pero… ¿qué pasa cuando el estímulo es sonoro? ¿Deja de ser literatura?

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Muchas veces me pregunto por el genio musical de artistas como Mozart, Vivaldi, Bach, Beethoven… ¿Cómo conseguirían crear verdaderas piezas consideradas obras de arte? ¿De qué manera alcanzan una inspiración tan elevada capaz de transmitir sentimientos tan profundos a partir del sonido, siendo capaces de contar las historias más tristes o simpáticas sin necesidad de utilizar las palabras? Tal vez han sido tocados por la gracia de Dios, de Buda, el destino o aquello que nos mueve cada día. O tal vez sea fruto de la constancia y el empeño diario por superarse a sí mismos, porque, en realidad, todos hemos recibido el don de la creatividad nada más nacer. Depende de cada uno el potenciarlo o dejarlo arrinconado.

¿Qué pasa cuando una película o una serie no se acompaña de una banda sonora? Todo queda a manos de los creadores. En el caso de la literatura es lo mismo. Los escritores han de ser capaces de estimular la misma sensación en sus historias. Hacer que los lectores se transporten a otros mundos. Muchas veces, la inspiración viene de una imagen. ¿Cuántas obras de Picasso, Miró o Goya nos dejan anonadados? Nuestra mente, si está activa, incluso es capaz de narrar que hay detrás de cada una de ellas. Otras veces, escuchamos un sonido extraño y se activa el detonante para una y mil aventuras que vienen de ahí. En ocasiones, también la música o una experiencia pueden ser quienes despierten una nueva historia que nos erice la piel.

Por eso, como ya se ha discutido por estos lares y muchos (os invito aquí a seguir a @josekopero) compartimos, la inspiración ha de ser el motor que empuje a los escritores a compartir una historia, no la búsqueda de dinero o el escribir lo que otros quieren leer. Cuando no nos movemos por nuestros propios impulsos, queriendo compartir nuestra visión del mundo y en su lugar lo hacemos por dar a leer lo que otros quieren, nos arriesgamos a convertir el sentimiento literario en algo artificial y, por ende, desnaturizarlo. O lo que es lo mismo, robarle la categoría de arte.

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