¿La lectura ha muerto? ¡Larga vida a la lectura!

Últimamente leo muchas discusiones en la red o entre los críticos y pensadores acerca del vaticinio de la muerte lectora. ¿Realmente es posible pensar que a la lectura le quedan días contados? Más bien diría que no.

Al margen del debate acerca de si la práctica de navegar entre hipervínculos, redes sociales y whatsapp puede considerarse lectura, lo que sí es cierto es que todos, en mayor o menor medida, leemos a diario. Porque leer no es solo decodificar letras. Leer es interpretar el mundo con nuestro pensamiento. Leer es analizar una mirada, un gesto. Y compartir estas lecturas, por medio de la escritura, son respuestas a la continua búsqueda de sentido de la vida.

¿Cómo vamos a asesinar la lectura, cuando la lectura ha hecho de nosotros lo que somos hoy? Habiendo tantos libros que nos han permitido ser el otro, sentir al otro y mejorar nuestra propia percepción, habiendo libros que han cambiado nuestras vidas por completo, habiendo libros que han soñado por nosotros o que incluso se han anticipado a nuestros anhelos, ¿quién se atreve a cometer semejante genocidio?

La llegada del libro digital, de la era de internet, lejos de ser una amenaza, debe convertirse en una nueva vía para acercar el placer lector a las nuevas generaciones, encerradas en un mundo de lectura pasiva hasta que alguien le abre los ojos hacia la interpretación de los mensajes, los guiños intertextuales o la magia de las palabras. Puede que la lectura y que los estudiosos de la misma no salvemos al mundo ni inventemos la cura para enfermedades mortales, pero con seguridad colaborarán a convertirnos en aquello que siempre quisimos ser y la realidad, de un modo u otro, nos ha negado.

Si el juglar, el emisario o tu móvil te envía un aviso de que la lectura ha muerto… grita conmigo: ¡larga vida a la lectura!