Abandono de nuestros adultos mayores

Poco más de una semana ha pasado desde que ocurrió el incendio en el asilo “Hermoso Atardecer” de la ciudad de Mexicali en Baja California, donde desgraciadamente, murieron 17 ancianos la mayoría provenientes del abandono familiar o la indigencia. La respuesta social fue poca, la indignación fue casi nula. Más disturbio y levantamiento de voz causó el maltrato que se evidenció en un video que circuló por redes sociales, por parte de un trabajador de una conocida tienda en donde venden animales.

Hay más indulgencia, más piedad y caridad con los animales que con nuestros propios semejantes. No digo que este bien o mal tener esos sentimientos hacia los animales, pero no parece coherente no tenerlo por nuestros semejantes, sobre todo por personas de la tercera edad. Nuestros ancianos son quienes ya trabajaron y dieron lo que estaba a su alcance por sus familias y a la sociedad. Cada vez desplazamos y postergamos más su participación social, hemos preferimos apartar a los ancianos de nuestras nuevas sociedades que solo ven al futuro con las ansias del movimiento, pero no con la reflexión de quienes pueden verlo con la memoria del pasado y que nos pueden enseñar a cuestionar si nuestros actos son correctos.

La exclusión social a la que se enfrentan los adultos mayores es más palpable y cruel cuando estan enfermos, cuando es más patente el olvido familiar y social, y que nos parece más bien cosa extraña cuando lo vemos en los noticieros, siendo que es “el pan de cada día” no sólo en México, sino en otros países que consideramos más desarrollados. Basta recordar el caso que durante un tiempo fue tema en redes sociales, de un anciano en Estados Unidos que padece cáncer, vive solo y que ante su desesperanza y su hambre llamó al 911, pidiendo alimentos, entonces ¿será necesario que todos los ancianos desamparados tengan que llamar por teléfono a una línea de ayuda para ser escuchados?

El desplazamiento que sufren los adultos mayores en nuestra sociedad, es tema preocupante y de importancia incluso para el Papa Francisco, quien ha dicho que “La violencia contra los ancianos es inhumana, así como la que se comete contra los niños. ¡Pero Dios no los abandona, está con ustedes! Con su ayuda, ustedes son y seguirán siendo la memoria de su pueblo” y ellos son la memoria, en ellos está la tarea de transmitir la experiencia de vida, de contar la historia de su comunidad, de su pueblo. Creo importante que recuperen su papel en las sociedades actuales, que dejemos de verlos con los ojos de la necedad, de ser más sensibles a sus necesidades, porque en ellos está la sabiduría para enfrentar las adversidades de nuestros tiempos.

Al igual que el Santo Padre, opino que no deberían ser abandonados en institutos donde vivan escondidos de la sociedad, donde sean descuidados física y emocionalmente. Es importante que vivan con amor, que sean escuchados y tomados en cuenta, no sólo por sus familiares, también por la comunidad. En ese mismo pronunciamiento por los adultos mayores dijo que como cristianos, hombres y mujeres de buena voluntad, somos llamados a construir una sociedad diversa, más humana e inclusiva, que no descarte a los débiles de cuerpo y mente, incluyendo a los niños y a los jóvenes.

Aún creo que hay esperanza, que estamos a tiempo de crear nuevas generaciones que puedan ser más humanas e inclusivas como lo menciona el Papa Francisco. En Estados Unidos surgió un proyecto del que está produciendo un documental sobre una guardería en una residencia de ancianos. Estas generaciones, niños y ancianos que pueden parecer tan distantes y con pocas cosas en común, se ven unidas en el tiempo, ambos grupos interactúan armoniosamente, aunque también rescata las complicaciones que viven, de cómo contribuyen los adultos mayores en el aprendizaje de los más jóvenes, nos da un poco más de esperanza en generaciones más conscientes, en un cambio positivo en nuestras vidas. Si tan solo nuestras sociedades reconocieran su importancia no olvidaremos nuestras raíces. Estos son algunos de los objetivos que busca mostar el documental, como lo explica una de las personas que realiza el documental y esta comprometida con que sea visto por otras personas, sobre el cual reflexionemos.

Me gustaría cerrar con una invitación a los jóvenes a que se acerquen a sus abuelos o a los ancianos en general, que los escuchen y les cuenten sus preocupaciones, les hablen sobre sus sueños y escuchen atentamente sus consejos, encontrarán que en ellos hay sabiduría para comprender la vida como se va presentando. Pensemos que al alejarlos de la participación y de la convivencia social, es condenarnos al olvido, es dejarnos sin la sabiduría de la experiencia, sin la memoria y la historia de nuestros pueblos.

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