“Gastrodiplomacia”, o cuando la cocina de un país hace política exterior

La imagen de una nación se puede promover a través de sus platos y productos culinarios. Con una estrategia bien condimentada se ganan turistas y nuevos destinos de exportaciones.

Especial para “El Mercurio”, Santiago, Chile.

CHAPEL HILL.- Olores y sabores que se transmiten mediante un plato de comida hablan de la cultura y tradición de un país: la paella española, el cebiche peruano y el sushi japonés son algunos ejemplos emblemáticos. Y se tiende, además, a asociar ciertos productos con países específicos: el café de Colombia, el vino de Francia y el vodka de Rusia.

Para muchos, la gastronomía de un país es su principal introducción a una cultura que les es desconocida. En 2002, Tailandia lanzó la campaña Global Thai Food, con la que se propuso incrementar de 5.500 a 8.000 los restaurantes de comida tailandesa en el mundo. Ese mismo año, el semanario británico The Economist publicó un artículo en el que daba cuenta de la estrategia, acuñando el concepto “gastrodiplomacia”.

Desde entonces, los esfuerzos de otros países por impulsar su diplomacia culinaria se ha convertido en una tendencia en ascenso. Además de su gastronomía, las campañas también buscan promover las exportaciones, el turismo y la marca país.

“Corea del Sur y Perú son ejemplos de países que han visto un aumento en el reconocimiento de su marca país en el exterior gracias a su gastrodiplomacia”, señala a “El Mercurio” Paul Rockower, director ejecutivo de Levantine Public Diplomacy. “Mientras más se interesen las audiencias exteriores en la cultura y cocina de un país, más fuerte será su marca en el mundo. La gastrodiplomacia es el arte de ganar mentes y corazones mediante el estómago”, añade.

En 2012, Estados Unidos lanzó el programa “American Chefs Corps”, con el fin de promover su cocina caracterizada por la enorme influencia de sus inmigrantes. Mediante food trucks , Malasia ha difundido sus menús más tradicionales en ciudades como Londres, Nueva York y Los Angeles. Y, paralelamente, la Unesco le otorgó la categoría de Patrimonio Cultural Inmaterial a la gastronomía de Francia (2010), México (2010) y Japón (2014), lo cual ha potenciado la imagen de estos países en el exterior.

En América Latina, Perú es el país que más se ha valido de esta estrategia. “Hace no mucho tiempo, Perú era visto como una zona de conflicto con fuerzas de la guerrilla peleando contra su gobierno. Hoy se encuentra entre los principales destinos turísticos y culinarios del mundo”, señala Johanna Mendelson Forman, académica de la American University.

Raciones de guerra

La diplomacia culinaria no ha sido siempre el resultado de una estrategia planificada. En Estados Unidos, la inmigración de europeos, africanos, asiáticos y centroamericanos trajo consigo una enorme cantidad de recetas que hoy promueven la cultura de cada una de esas regiones. Mendelson Forman es especialista en “gastronomía de conflicto”, un concepto que se refiere a cómo la cocina se convirtió en una importante fuente de ingresos para los inmigrantes que llegaron a ese país debido a conflictos mundiales.

“La comida es un arma de resiliencia económica. Quizás es complicado aprender inglés inmediatamente, pero es posible cocinar y abrir un restaurante para proveer a una familia”, señala.

Las guerras en Vietnam, Etiopía, El Salvador y Guatemala son algunas de las que llevaron a la apertura de restaurantes que hoy colman las calles de Washington DC, y que han transformado a la capital estadounidense en un nicho gastronómico.