Mitos y realidades en el mensaje político

En política, la relación entre los candidatos y los votantes transita por diversos canales, siendo el de la comunicación el más relevante por su carácter decisivo a la hora del logro de objetivos.

Se puede considerar que hay otras vías que unen a ambos sectores sin vinculación directa con lo comunicacional en sentido estricto (que podríamos llamar propaganda o publicidad política), como ser la memoria ideológica o afectiva, el conocimiento personal, la conciencia compartida sobre diversas cuestiones, la convicción basada en los propios intereses, etc, es decir, lazos que no derivan del mensaje que se expresa y se recibe sino de nociones independientes a ese proceso.

Tanto lo comunicacional como lo no comunicacional tienen un sustrato conceptual esencial, constituido por ideas o nociones básicas sobre las que se construye lo demás y que hacen a la identidad política.

En tiempos de campaña política, esas nociones sufren un alto grado de simplificación, para que el mensaje llegue claramente y sin dificultades.

En ese marco podríamos inscribir los mitos o nociones fantásticas de la política, que son las ideas que no son en sí mismas exactas y comprobables, sino conclusiones a las que se llega extendiendo hechos de la realidad.

Lo más común es el mito del gran líder, aquel que personifica las virtudes que se pretenden llevar al acto, cuando en realidad sólo son anhelos de grupo.

Al adjudicarle al líder la capacidad de concretar aquello que soñamos, realizamos un proceso de simplificación conceptual y de bloqueo discursivo.

Se trata de llegar a convicciones simples y definitivas, que sellen las discusiones y permitan cerrar filas frente al enemigo.

Hay un error básico en esa lógica, que es confundir lo operativo con lo conceptual.

A pesar de las muchas críticas que le caben al sindicalismo peronista, en este tema aportan un concepto muy útil que forma parte de su ideología: el de la unidad en la acción.

Esta fórmula es tan simple como efectiva, ya que contiene los elementos esenciales a tener en cuenta para resolver el dilema que mencionamos.

Manteniendo las diferencias que tienen entre ellos, buscan siempre la unidad para llevar adelante sus acciones políticas.

A nivel político partidario, no llega a haber el mismo grado de eficacia en la aplicación de esa fórmula dado el carácter mucho más amplio de quienes son objeto de las organizaciones (ya no los trabajadores sindicalizados, sino toda la sociedad).

Aún en el caso de los partidos que ponen por delante la necesidad de lograr la unidad, su efectividad es menor que en el sindicalismo porque mientras en este caso la continuidad de los dirigentes es mucho mayor (tanto en cuanto a las personas como a la ideología común a la mayoría), en los partidos esa efectividad se da por lo general cuando se ejerce el poder, siendo en su caso, además, mucho mayor la competencia y por ende mucho más aleatoria la continuidad.

Quizás esas circunstancias hagan que se llegue siempre a un nivel de unidad transitoria, esencialmente frágil, y que por ello y por ser la unidad operativa la herramienta básica para la acción política, se ponga más energía en buscar su consolidación, dejándose de lado lo conceptual, cerrándose las discusiones en este aspecto, llevándolas a un nivel de inexistencia práctica que no se da en el sindicalismo, donde como dijimos esas diferencias no desaparecen o pierden presencia, sino que se mantienen pero sin afectar la unidad en la toma de decisiones comunes.

Quino

Al ser objetos de ese mensaje simplificado y cerrado, nuestra tarea como votantes se vuelve más compleja , y al menos debemos tratar de quitar relevancia a aquellos elementos del discurso que contienen altas dosis de voluntarismo y apelan a cuestiones más emocionales que concretas, porque de esa manera estaremos limitando el campo de acción de las falsedades, que son el preámbulo de los gobiernos autoritarios.

Buenos Aires, 27 de mayo de 2017

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