Kafka Penguin Modern Classics Jim Stoddart, Gary Card and Jacob Sutton 2007 (edit-vía: http://www.grafik.net/category/covershot/wild-card)

Quién carga con Batman…

abrir bien la mirada que acá estoy vestido y acá estoy desnudo.

Tenía algo así como cinco años…recuerdo que viajábamos en un Peugeot 404, que curiosamente lo apodaban en la calle el auto de Batman, acaso por que tenía una forma particular en sus luces traseras, similares a los faros traseros del auto de Adam West…

En ese auto viajamos a casa de mí tía, donde había un garage, lleno de murciélagos; que según ella, no la dejaban vivir. Papá se había propuesto cerciorarse. Y lo hizo.

Lo seguí por la ventana, un poco más alta que yo, a la que llegaba subido a una silla. Lo vi caminar con sus pantalones blancos y una camisa a cuadros. El calor anunciaba las tormentas de verano.

Lo vi cruzar el portal, con una lámpara en la mano…y de golpe, como si nada, un torbellino de aves negras salió, produciendo un fuerte contraste con el portón blanco que guardaba el ingreso al garage. Mi padre no volvió a salir, hasta mucho rato después, cuando corriendo, fueron a buscarlo, mí tía y su hija…

Creo que ahí está el origen de todos los murciélagos, que luego me han acompañado en la vida.

Mucho después, mucho mucho tiempo después, me encontré mirando “El Misterio de Capucha Roja” (la película animada de DC), inmerso en una crisis emocional que me acompañaba desde hacía cuatro años, sin encontrarle sentido, y de golpe me dolieron las palabras de Jason Todd…

No se que te hace más ciego, tu culpa o tu anticuado sentido de la moral

Jason, solo quiere que Batman mate al Guasón, porque el los separó…debe decidir a quién debe elegir, al Wasón o a Robin. De eso se trata; de ellos tres, encerrados en una habitación mirándose cara a cara… “de mí, de ti, de él”si no mata a ese deshecho psicótico, Jason no dudará en hacerlo. Esta escena es una remake de la muerte de sus padres. Batman, decide.

Decide…esa era toda la venenosa verdad. Había que decidir. Hay que decidir.

La primera vez que me dí cuenta…fue cuando no decidí irme a estudiar Filosofía. Pero esa primera vez se me haría patente mucho después.

Entonces andaba como un un murciélago ciego chocando con todo a su alrededor…

Luego pasaron días, años…hasta volverme a topar con el encapuchado en sus inicios. Aun me tenía guardado algunos secretos el murciélago. Algunos de mis secretos.

Él, primero, vino a recordarme que teníamos mucho en común, …fue al verlo ante los cuerpos de sus padres que me vi, a mi mismo. De alguna manera, él sabía, que era su culpa. La muerte de su padre, sobre todo. Era su culpa. No había caso. No lo podía evitar. Yo tampoco. No podía evitar mirarme las manos, manchadas con sangre. Era un parricida, un maldito…yo había estado en el teatro, había tenido miedo y quise salir. Por eso, se era responsable siempre, aunque uno no decida. Aunque uno acepte lo que haya que aceptar, y cargue con eso también…con todo.

Ambos de alguna manera cargábamos con sendos crímenes en nuestras espaldas. Simbólicamente. Ninguno de ambos lo hizo, materialmente hablando; pero si habíamos querido salir del teatro, escapar de nuestros miedos y eso nos había expuesto a su muerte.

Para tolerar eso había que primero hacerse invisible…en silencio, sin llamar la atención, asumiendo que…

La teatralidad y los engaños son elementos útiles

para no caer en la mirada acusadora.

De quién?

La nuestra, que es la peor de todas. Había que aprender a no ir aquí o allá con nuestra ira para demostrar algo, a uno mismo. Qué no era otra cosa que miedo.

todas las criaturas tienen miedo, incluso las que tienen miedo? sobre todo ellas…

Pero eso lo había aprendido de la peor manera, yendo de aquí para allá con mi miedo, otra vez como un murciélago ciego. Atronado por la luz.

La ley busca la armonía la venganza la satisfacción personal…

Le dice Rachel Dawes a Bruno en “Batman inicia”. Se podía buscar la armonía si ya no había otra opción? La venganza, la venganza no tiene chance, porque ya habíamos optado por ella.

La tortura que se inflige uno mismo, era la peor de la venganzas, pero paradójicamente, no traía satisfacción personal. Solo dolor.

La autoflagelación, se me había tornado un modo de vida. Un auto de fe que no terminaba nunca. Y la armonía? Bien en casa…

La ira me seguía impulsando a hacer cosas grandes, o terribles. Sobre todo terribles. Porque ni siquiera reconocía esa ira. La ira y el miedo eran des-armónicas, hacían ruido a cada paso que daba. Eran mi capa y mi máscara.

Hasta mi segundo encuentro con las ratas aladas. Tenía que volver a la gruta de dónde habían salido la primera vez, para enfrentarlas.

Ese es el poder del miedo

Me llevaba a casa. Me devolvía a ver quién había jalado el gatillo la primera vez, quién me había hecho creer que era culpable de ese horrible crimen.

¿Quién?…hasta ahí había que llegar. Hurgarse con el gancho de carnicero para saber quién, o lo que se parecía mucho al mismo auto de fe, al mismo que había comenzado la noche del crimen.

Fue un día que debí decidir, si quedarme en un teatro o en otro, el día que mis padres se separaron, cuando se debió definir quién quedaba con la guarda de los menores; mi madre nos preguntó con quién queríamos estar, los más pequeños se quedaron mirándome y creo que si no lo hice materialmente lo hice emocionalmente, dí un paso al frente y dije, nos quedamos. Mi padre no mucho tiempo después, al menos en la secuencia lógica que guardo en mi mente, me gritaba que era un traidor, desencajado y furibundo.

(…)

Nada, no se podía decir nada…después de eso había que salirse del teatro o morir en él…y yo quise salirme…

Entonces jalé el gatillo una, dos, tres veces…me enmascaré y me hice cargo de todo. Tenía la obligación de salvar a cuantas más personas pudiera…había que salvarlas de su dolor, porque de esa forma me salvaba del mío. O comparaba su dolor con el mío? Y dejaba de verlo como algo terrible. Y sin embargo no podía más que introducirlos más y más en mi dolor. Y en mi miedo. Y esto indefectiblemente me llevaba a un pantano, ciego en mi propio capucha, que eran mis límites, mi propia ética. Entonces Jason Todd aparecía gritándome a la cara.

No se que te hace más ciego, tu culpa o tu anticuado sentido de la moral

No podía reproducir la escena, mi madre llorando, o pidiendo que cuidáramos de no molestar ante la presencia de mi padre, el que día a día se había constituido en una especie de maléfica presencia. Recuerdo haberlo tomado como un juego de escondidas al principio. Sí, había que dejar la sensación de que nada ocurría en el mientras no estabas, recuerdo a uno de mis hermanos acechando, siendo la voz de alarma; y ante su grito, todos a correr de aquí para allá como si nos invadieran. Luego se fue convirtiendo en un arte estas corridas; un paso de danza, como si fuera un derviche enmascarado. Para más tarde terminar en un artificio. Y al final, esconder la máscara de la máscara, para que ella misma no supiera de su existencia.

En el Tzinacalli, o la Casa del Murciélago

Mi tercer encuentro, fue algo menos usual. Llegó luego de escuchar a Jason. Llegó inesperadamente. Y me abrió las puertas a develar la máscara de la máscara.

Comenzó con la experiencia de la sincronicidad y la sombra, y la llegada a una sala rectangular, similar a la que se utilizaba en las ceremonias de iniciación de los guerreros aztecas, guerreo águila y guerrero jaguar. Fue iniciático aquel viaje con gente desconocida a un lugar desconocido. Al llegar me comentaron que la sala había estado abandonada durante años, y que luego de mucho limpiarla se había podido acondicionar, para algo así, como una sala de teatro. Pero me avisaron que tuviera cuidado algunas áreas del edificio aun no habían erradicado la plaga de murciélagos, que dejaban sus excrementos en algunas zonas.

Me quedé callado. Y como en las salas de ceremonias de iniciación de los guerrero águila y guerrero jaguar, se produjo un silencio y una sombra. Y como en ese cuadrángulo oscuro, apareció un bruñido espejo de bella obsidiana, que se corporizó en la imagen de una mujer. Su voz se extendió por la sala hablaba de cosas sin sustancia pero cada una repercutía en mí pensé (((ondas en el espejo))) .

Se volvió en el espacio, y fue hacia mí. La oscuridad se hizo más pronunciada. Preguntó entonces, qué edad tienes…respondí…no, no, tu edad verdadera. No supe que decir. Y como en los rituales de iniciación se hizo patente que el espejo de bella obsidiana me hablaba. Detrás de la máscara. Solo soy un niño.

Iniciamos un camino de ascenso, era detrás de una puerta verde, que estaba atada con alambre, para que los no iniciado no ingresaran. Subimos una escala llena de detritus.

Una vez en la planta alta, me miró de frente el espejo y señaló mi frente:

Tienes un botón allí…

Y el espejo reflejaba mi frente y mi cuerpo entero, mi reflejo era un gran muñeco de papel de amate, que se iba a encender. Como en los rituales mesoamericano. Al arder el maniquí del espejo debía caminar hacía él y decir las palabras sacras, que desconocía, y aun desconozco.

En ese momento se escuchaba un poderoso batir de alas y aparecía la sombra de un ser humano con alas de murciélago que intentaba decapitar al intruso que se había atrevido a invadir sus dominios.

Pero eso no ocurrió, solo se escuchó el sonido del aleteo de los quirópteros sobre mi cabeza, y el reflejo del espejo comenzó a girar en torno mío. El chillido que se confundía con aves y con el agua expulsada, a mucha presión, de grifos inexistentes.

imagen extraída desde: https://halbae.wordpress.com/2014/09/05/batman-7/

Miré a mi alrededor. La luz había estirado su forma dentro de las habitaciones entrando por las ventanas. Miré por el espejo de obsidiana, la máscara era un manchón negro en mi mano, con la capa cubrí el espejo, aun me faltaba comprender que…

un héroe puede ser cualquier persona, incluso un hombre que hace algo tan simple y tranquilizador, como ponerle un abrigo en los hombros a un niño, para hacerle saber que la vida sigue…

O el tipo que cubre un espejo y lo guardar hasta saber las palabras precisas para preguntar

¿Cuánto dura la cura? ¿Cuánto dura la enfermedad?
¿Desde cuándo lo malo es bien y lo bien es mal?