El Cairo


Llovía, yo estaba frente a mi ventana pensando en cómo pagar el alquiler cuando la farmacia de enfrente estalló en mil pedazos. No me importó, me quedé mirando las llamas y pensando en cómo pagar el alquiler.

El Cairo era lo peor que me había pasado, estaba deseando que pasara la nave a buscarme, les iba a pedir que nunca más quería tener forma humana, que el trato no resultó ser como esperaba que fuera. Ellos sabían hacer negocios y yo no, me sentía engañado y desamparado.

En la noche leía Baudelaire y de a ratos mutaba a mi forma natural, a veces dejaba de leer y miraba mi cara en el espejo para recordar tiempos mejores, la voz de humano me gustaba, era lo único.

Pasaba horas mirando con añoro fotografías del pasado, esa tarde desde mi ventana pude ver a un grupo de niños jugando. Habían inventado un juego con latas de cerveza, clavos y pósters de diferentes películas. Aparté las fotos y me quedé observando su juego, me fue imposible deducir el objetivo, desfilaban ante mis ojos Jane Fonda y Marlon Brando, inventaban diálogos, Brando decía que era doctor y Fonda quería ser Brando. No entendía, nunca entendía, volví a las fotos.

Una noche azul vino la nave, la luna se comía mi ventana y afuera había una ceremonia por los muertos de la farmacia, yo estaba con Baudelaire y el espejo. Cuando entraron pensé que me iban a matar y me puse contento, luego me leyeron algo que no entendí, me dieron una esfera brillante y se fueron.

Creo que El Cairo va a ser mi cárcel por la eternidad, agotado, ya dejé de odiar mi forma humana, agotado, ya dejé de desear irme de aquí.

Rompí el espejo y quemé las fotos.

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