EL CAMINO DE LA CONSCIENCIA

Algunas practicas conducen a un estado de conciencia poco habitual. Respecto a este estado de conciencia, hay sorprendentes coincidencias entre varios movimientos/corrientes espirituales de oriente y occidente, todos ellos hablan de él, e incluso proporcionan entrenamiento y técnicas para su consecución.

Así el yoga, el budismo, el sufismo, el taoísmo, y un sinfín de escuelas/movimientos de menor predicamento o extensión proporcionan técnicas y entrenamiento para la consecución de este estado de conciencia. Aunque realmente no se trata de un solo estado de conciencia, sino de un camino por distintos estados de conciencia, unos de los cuales preceden a otros, todos ellos inhabituales o fuera de la conciencia normal o habitual de la realidad, y que no se sabe donde culminan (se suelen concebir como camino o sendero). El primer estadio de este camino se alcanza mediante técnicas que presuponen la paralización de la actividad conceptualizadora del cerebro, de la mente, sin la cual no se produce, como bien dice Kant, la experiencia empírica, ni aún la científica, y que, por tanto, abre paso a otro tipo de ‘experiencia’ o, por ser más riguroso, de percepción fuera de la experiencia. En palabras de Fritjof Capra1: “En muchas formas de meditación ese silencio de la mente racional se logra concentrando la atención en un solo detalle, como la respiración, el sonido de un mantra o la imagen visual de un mandala. Otras escuelas enfocan su atención en los movimientos del cuerpo, que deberán realizarse de un modo espontáneo, sin la interferencia de ningún pensamiento. Esta es la manera del yoga hindú y del t’ai chi ch’uan taoísta. Estos movimientos rítmicos pueden conducir a la misma sensación de paz y serenidad que caracteriza a otras formas más estáticas de meditación. Sensación que también puede ser provocada por algunos deportes. Para mí, por ejemplo, esquiar es una forma de meditación altamente gratificante.”

Como acabamos de leer, estos estados de conciencia son mucho más frecuentes de lo que los celosos guardianes del sembrado desearían, y, con bastante asiduidad, se presentan de modo espontáneo, o incluso se obtiene con la práctica de actividades tenidas por poco espirituales y desacralizadas. Sin embargo, la mayoría de las veces, la percepción de estos estados de conciencia, de estos estados de diferente percepción de la realidad, se reinterpreta como sueño, alucinación, o momentánea alteración de la percepción, de modo que quienes lo experimentan lo desdeñan como erróneo o como percepción distorsionada de la realidad, neutralizando así su potencial trasformador.

Pese a todo, algunas personas que lo experimentan de modo fortuito o accidental se niegan a renunciar al mismo calificándolo de alucinación, y, carentes del instrumental conceptual que permite su correcta interpretación y el progreso por los diferentes estados sucesivos, les aplican categorías y conceptos de su experiencia cotidiana, precisamente aquellos conceptos que tiene su personal entorno cultural para referirse a lo oculto, a lo desconocido, a lo extraño y misterioso. Así se puebla el universo de iluminados que contactan directamente con dios, o con los dioses, o con extraterrestres, o con duendes, o dragones, o con cualquier otra clase de extraños e inaccesibles seres o espíritus.

Estas personas, también a veces, suelen continuar con la práctica de aquellas cosas que, al principio de modo fortuito, produjeron ese estado de percepción, y suelen también predicar la nueva buena de la que se consideran poseídos o transmisores. Y como muchas veces dichas actividades producen dichos efectos, y como quiera que la desorientación es una característica de nuestro tiempo, los seguidores se agrupan a su alrededor, y tienden a pensar que, puesto que parte de lo que el correspondiente santón o iluminado de turno2 predica efectivamente se produce, será también verdad la curiosa interpretación que hace de ello, y que suele evolucionar hasta convertirse en alguna inconsistente y extraña teoría sobre el sentido de la vida, el del cosmos, y el destino del universo en su conjunto (y, por ende, de cada uno de sus seguidores).

Sin embargo, estas bienintencionadas práctica y prédica conducen a un estancamiento en estos iniciales estadios de conciencia y percepción ‘diferentes’, de los que son incapaces de salir por falta de las técnicas adecuadas para dar el paso siguiente, y por falta del instrumental conceptual que permita entenderlos. Y, desgraciadamente y también con frecuencia, suelen producir un rechazo de la percepción ordinaria de la realidad (de la construcción de la experiencia que realizamos cotidianamente mediante el correcto uso de nuestros conceptos), produciendo individuos desajustados con el entorno social y desprovistos de los recursos necesarios para desenvolverse con éxito en dicho entorno (cuando no conducen a una verdadera disonancia cognitiva entre lo que viven y lo que dicen que viven).

De cuanto llevamos dicho es fácil extraer algunas conclusiones:

1. El camino de los distintos y sucesivos niveles de conciencia ‘inusual’ (que, a partir de ahora, llamaremos camino de iluminación) es un camino fácil de encontrar, pues los primeros niveles o estadios del mismo son fácilmente accesibles por todos nosotros.

2. Mantenerse en el camino es también relativamente fácil, pues es suficiente con la práctica de aquello que nos llevó a encontrarlo.

3. Entender lo que ocurre ya no es tan fácil, y requiere de un instrumental conceptual altamente elaborado, que no se puede dejar a la improvisación ni en manos del iluminado de turno. Sin embargo este instrumental conceptual, por más que aún perfectible o incompleto, está a nuestra disposición en las distintas escuelas o movimientos que, durante siglos, llevan dedicados a estas prácticas y conceptuaciones. Este instrumental conceptual nos dice también qué podemos entender y qué no, y cuál es el límite y forma de esta nueva intelección.

Sin entender lo que ocurre no es posible progresar por el camino (o, por ser fieles a la verdad, es mucho más difícil el progreso, que aún así se puede producir bajo la dirección de un experto maestro). Sin embargo este instrumental conceptual no está disponible para el público en general de modo sencillo, acceder a él y aprender a utilizarlo correctamente es algo que solo suele ocurrir a través de las enseñanzas de alguna de estas escuelas (siempre gradual, no hay atajos) o/y mediante el estudio serio y riguroso. Todas las fuentes no están a disposición del público en general, sino solo algunas, el resto solo es accesible a los ya iniciados.

La correcta formación para el uso del instrumental conceptual suele requerir de orientación por parte de quien ya lo domina o conoce en mayor grado que nosotros. La conveniencia del profesor es indiscutible.

4. Progresar en la práctica requiere la dirección de alguien que sabe cómo acceder a cada nivel de conciencia desde el nivel anterior, pretender que por casualidad o suerte se puede encontrar el modo para progresar por los distintos estadios del camino de iluminación es ilusorio, cuando no autoengañifa de quien pretende evitarse el esfuerzo, o engaño de quien pretende conseguir adeptos en gran número (que no quieren oír hablar de un lento camino con prácticas cotidianas cada vez más exigentes, sino conseguir la iluminación de forma cómoda y fácil, aunque tengan que pagar mucho por ello); es esperable que lo que a muchos a costado siglos descubrir no pueda uno solo redescubrir en breve tiempo. No obstante, hay unas pocas personas que progresan muy rápidamente, incluso que ascienden por el camino a inusitada velocidad, superando velozmente a sus maestros, y de quienes pueden pronto prescindir. Pese a éstos, la necesidad del maestro3, para casi todos nosotros, es más que evidente.

1 “El tao de la física”. Málaga 1983, p. 54.

2 Y quiero resaltar aquí que no me refiero a la pléyade de aprovechados que utilizan el desconcierto y la sed espiritual de las gentes para hacer su agosto a su costa, enriqueciéndose y convirtiéndose en objeto de culto y adoración.

3 Distingo entre profesor y maestro, aunque no es éste el lugar para diferenciar a uno del otro, recordaré que se aconseja el profesor para la formación teórica, para el estudio, y el maestro para la correcta práctica. Maestro y profesor pueden ser la misma persona, aunque no es usual.

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