LA EXIGENCIA DEL AMOR

(Lc 14,25–33)

Este domingo, el evangelio nos habla de una generosidad sin límites en el seguimiento al Señor y que ella es una condición para una auténtica entrega y conversión.

Vemos hoy, que el Señor, acompañado de mucha gente, les dice: “si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanas y a sus hermanos, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”. Más tarde, luego de pronunciar las parábolas del Evangelio; les dirá: “el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío”.

La Palabra de Dios habla por sí misma. Frente al seguimiento del Señor hay que tomar decisiones generosas.

Hay que recordar que nuestra conversión, va implicar una constante renuncia a todo aquello que nos aleja del Plan de Dios. Todo queda en segundo plano cuando uno descubre la belleza de la fe. Sabemos, que amar, a nuestro “padre, madre, mujer, hijos, hermanos y hermanas” es muy bueno; pero cuando ello, se opone al Plan, que Dios tiene para con nosotros, tenemos que optar por Él.

También, hoy el Señor nos pide a que dejemos todo tipo de auto referencialidad y sepamos desistir “incluso de noso­tros mismos”. Si vemos la cosa tan solo con ojos humanos, pode­mos pensar que todas las cosas que hacemos son buenas para noso­tros. Hay que recordar, que todo despliegue humano nos debería aproximar a Dios. No debemos seguir la ley del “gusto y el disgusto”, sino más bien la ley del “tanto cuanto”. Esto quiere decir que “tanto cuanto” algo nos acerca a Dios debemos realizarlo. Hablemos por ejemplo, del caso del dinero, del cual nos habla hoy el Evangelio. El dinero en sí mismo no es malo. Si lo es cuando circunscribimos la existencia a la avaricia. El mismo Evangelio nos dice: no podemos “servir a Dios y al dinero”. En cambio, si el dinero es usado para servir a los otros adquiere un noble cometido.

Para dar fuerza a su argumentación, el Señor nos pone dos parábolas. La primera de ella nos habla del hombre que antes de construir una torre, se pone primero a calcular cuánto tiene de dinero, Si no va a poder cubrir los gastos entonces prefiere no iniciar la obra. También nos pone el Señor, un segundo ejemplo; en el cual nos habla de un rey que antes de entrar en combate, examina cuántos soldados tiene y cuantos posee el enemigo. Como probablemente va a perder, prefiere enviar legados para pedir las condiciones de paz.

La meta propuesta es hermosa pero a la misma vez es exigente Caminar por las sendas del Plan de Dios, es lo mejor para nosotros. Es verdad que tendremos que cargar con la cruz, pero hay que recordar que luego viene la resurrección. El Señor siempre quiere el bien para nosotros.

María nos enseña a optar por grandes sueños y nos inflama a vivir en grandes ideales.

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