Exilio Erasmus

Igual era que mi nivel de inglés no era tan alto como decía mi curriculum, no lo sé, pero no me llamaba ni dios y tenía demasiado tiempo libre, así que por las tardes acompañaba a Jack, mi compañero de piso, a hacer sus entregas. A esas horas ya estaba lo suficientemente colocado como para no tener ganas de hablar y eso era cojonudo para no parecer un absoluto gilipollas que no se entera de lo que le dicen.

Y fue así como me puse en contacto con el exilio español en Liverpool. Vendiendo marihuana. Que una cosa es estar exiliado y otra que no te guste el vicio. “Tienes que venirte el jueves que hay una quedada de exiliados”

Y como una fiesta erasmus suele ser un buen sitio para colorar psicotrópicos no podíamos faltar. Jack decició que yo me ocupara de los españoles y los italianos porque compraban bastante y él no era capaz de aguantar el regateo, así que, una vez que los italianos compraron todo el costo, no me quedó otra que unirme a la asamblea abierta de exiliados españoles del fondo. Todo muy 15M. Ni drogas, ni cerveza, ni llevarle la contraria al que estuviera hablando. Un coñazo. “Nos hemos juntado un grupito de gente de lo más interesante” decía el que hablaba, estudiaba relaciones laborales internacionales o algo de eso muy raro para ayudar a la expansión internacional de la empresa familiar. “Tres años, llevo aquí. Después me iré a China, ¿tú?” “Yo solo quiero currar que llevaba cuatro años parado” “Pero ¿no has estudiado?” “Si y no, no te puedo fiar 20 Libras”

Gente muy interesante que no tenía intención de volver a casa y yo echando de menos a mis padres, a mi hermano, a mis amigos y las cañas por el centro y un trabajo de ocho horas y, joder, que ojalá me llamaran del McDonalds para no volver, al jueves siguiente, a tener contacto con el exilio.

Unos meses antes conocí a un emigrado. Yo aún confiaba en quedarme en Londres y vivir la vida loca. “Vete de aquí” me dijo cuando dejó de llorar “Trabajo 15 horas al día en turno partido, mi casa está a dos horas en metro y, entre lo que cuesta la Oyster y la habitación no me da ni para tabaco” “Quiero volver, pero ¿qué hago allí?” Puto exilio, tete.

El jueves le dije a Jack que yo pasaba de españoles que su acento era mucho más complicado para mi que para él y, aunque no entendió lo de Murcia, le pareció bien porque “todas las españolas son muy guapas” y a la noche vino acompañado de una de Granada que estudiaba tercero de filología inglesa porque “aunque no le entiendo, es mono, ¿qué dice ahora?” “Que no te va a fiar”

Mi periplo en compañía del exilio español scouse terminó una noche en The cavern. Una noche que yo libraba y engañé a no sé quién para venir a el concierto de imitadores de los beatles. “Te echamos de menos en las asambleas, ¿llevas algo?” “Na, tío, ahora curro en un Mcdonalds” “Joder, seguro que ahora todo te huele a aceite rancio” Y, si, así era.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated sergio escudero’s story.