Ni porque se lo comió “Ketos”

Pablo Agustín
Aug 22, 2017 · 7 min read

Hay un versículo muy famoso en la Biblia que mucha gente usa cuando la está pasando mal: Isaías 55:8 “Porque mis pensamientos no son sus pensamientos, ni sus caminos mis caminos — declara el SEÑOR.” Nos agarramos de ahí, o alguien nos lo dice cuando pasan cosas que no esperamos, o nos sucede algo malo, decimos “los caminos que tenía Dios eran diferentes”. Y eso está bien, pero ¿cuántas veces más bien, no le decimos esas mismas palabras nosotros a Dios?

Ketos es la palabra griega que usó Jesús para describir lo que le pasó a Jonás. Significa “gran monstruo marino”, traducido o interpretado como ballena o pez grande.

Hay una historia en la Biblia, sobre un profeta llamado Jonás que sobresale por su trato que tuvo con Dios(el link de la historia está al comienzo). Jonás estando en Israel es mandado por Dios a Nínive (ahora parte de Iraq) con el siguiente mensaje “¡Levántate, ve a la gran ciudad de Nínive y diles que ya he visto lo malvados que son!”. Pero en vez de ser obediente a la voz de Dios, Jonás se fue para Tarsis (España), según él para irse lo más lejos posible, a un lugar donde Dios no pudiera encontrarlo.

Jonás se da cuenta que los pensamientos de Dios no son sus pensamientos, y que sus caminos no son los caminos de Dios.

Por eso en vez de hacer caso, se alista para irse lo más lejos posible que un ser humano podría irse en ese momento. No hay más allá en el mapa que España. Y está claro que pasa por alto cualquier autoridad, respeto, intimidad que tenía con Dios. (En su defensa, Nínive, era la capital de Asiria, un imperio que tenía el dominio de Israel y toda la región la gobernaba apunta de violencia, crueldad y abuso de poder hacia los demás incluido el pueblo de Dios, cobrándoles impuestos e invadiendo su territorio)

La historia y el contenido es maravillosa, es corta y muy fácil de leer. La historia en resumen sigue con que Dios manda un fuerte viento, que se vuelve una tempestad por donde Jonás iba pasando, en un barco a punto de hundirse. Todos en la tripulación estaban vueltos locos pensando que iban a morir, mientras que Jonás dormía plácidamente. ¡Y cómo no! Ya le había dado la espalda a Dios, ¿qué otra cosa le iba a importar?. Mientras tanto la gente entiende que la tormenta va más allá de lo natural y se dan cuanta que hay algo divino detrás. ¡ALGUIEN TIENE LA CULPA DE ESTO! pensaban; se dan cuenta que era Jonás huyendo de Dios y como último remedio el mismo Jonás acepta su pecado y toma la decisión de sacrificarse por los demás, actúa y es lanzado al mar.

El final de la primera parte de la historia, es que se entiende que Jonás pidió ayuda a Dios justo antes de ser lanzado y Dios respondió con Ketos. “Cuando estaba sufriendo, tú, mi Dios, me ayudaste. Cuando estaba casi muerto, pedí ayuda y me la diste.” Ketos es la respuesta de Dios, en medio de la culpa que tenía Jonás a todo esto, es la manera de salvarle la vida sobrenaturalmente. Y aunque vivir 3 días dentro del vientre de un monstruo marino no debe ser nada bueno ni deseable, Jonás entiende que Dios lo salvó y nunca lo abandonó. (Leer capítulo 2). Ahora tiene una segunda oportunidad.


¿Quién desperdicia una segunda oportunidad, un segundo comienzo? ¿Quién no aprovecha un “borrón y cuenta nueva”?

Tendría que ser alguien muy tonto o muy tortero el que mete las patas otra vez luego de ser perdonado.

Lamentablemente, ¡Jonás y YO MUCHAS VECES! La segunda oportunidad sin meter las patas le duró menos de un día. Aunque es cierto que esta vez Jonás fue a Nínive y dio el mensaje que desde el principio de la historia había recibido de Dios para el pueblo asirio. La reacción de ese mensaje sacó lo más profundo que tenía Jonás en su corazón. Y como muchas veces también pasa conmigo, lo profundo del corazón contiene lo más oscuro de las personas.

El pueblo de Nínive se arrepiente y Dios los perdona. Eso saca todo el egoísmo, hipocresía, injusticia, ceguedad, discriminación que Jonás tenía por dentro.

Muy molesto, le dijo a Dios:

— ¡Ya lo decía yo, mi Dios, ya lo decía yo! Hiciste lo que pensé que harías cuando aún estaba en mi tierra. Por eso quise huir lejos de ti.

»Yo sé que eres un Dios muy bueno; te compadeces de todos y es difícil que te enojes. Eres tan cariñoso que, cuando dices que vas a castigar, después cambias de opinión y no lo haces.

A mí me molesta eso; prefiero que me quites la vida. Si vas a ser así, mejor mátame.

“Ni porque se lo comió Ketos”: Recibir la misericordia de Dios, no significa que ya entendemos lo que está pasando, lo que Él nos está dando. No significa que entendemos los caminos y pensamientos de Dios, ni muchos menos que estamos en el mismo canal con Él.

El problema con Jonás es que, esperaba cosas diferentes al plan que tenía Dios desde el principio. Y según la historia nunca llegó a entenderlo. Él esperaba y quería victoria, muerte, venganza, castigo sobre el pueblo de Nínive no misericordia. Lo interesante es que él merecía eso mismo estando en el barco en medio de la tormenta y no dudó en recibir la bendición de ketos. Esperar respuestas diferentes al plan de Dios, nos hace decepcionarnos de Él, nos hace pelearnos con Él, nos hace perder el propósito de las cosas y nos hace intensificar los pensamientos egocéntricos y egoístas.

Jonás estaba tan empecinado en él mismo, que no podía ver más allá, ni ver todo lo que Dios había estado haciendo con él. Estaba totalmente desubicado esperando cosas totalmente diferentes a lo que es Dios. Estaba tan desubicado que perdió su propósito de vida y prefería la muerte.


MATEO 20:1–16

En el reino de Dios sucede algo parecido a lo que pasó en una viña. El dueño salió muy de mañana a contratar hombres para que trabajaran en ella.

Se puso de acuerdo con los trabajadores para pagarles el salario de un día completo; y los envió a trabajar. Como a las nueve de la mañana, el dueño volvió a salir, y en la plaza encontró a varios hombres que estaban desocupados.

Les dijo: “Vayan a trabajar a mi viña, y les pagaré un salario justo.” Los hombres aceptaron y fueron a trabajar. Como a las doce del día, el dueño volvió a hacer lo mismo; y salió otra vez a las tres de la tarde.

Ya eran las cinco de la tarde cuando el dueño fue de nuevo a la plaza, y vio a otros hombres desocupados. Entonces les preguntó: “¿Por qué han estado ahí todo el día sin hacer nada?” »Ellos le contestaron: “¡Porque nadie nos ha dado trabajo!” »El dueño les dijo: “Vayan a trabajar a mi terreno.”

»Cuando se hizo de noche, el dueño le dijo al jefe de los trabajadores: “Llama a cada uno de los trabajadores y págales, comenzando por los últimos que vinieron, y terminando por los que vinieron primero.”

»Entonces se acercaron los trabajadores que llegaron a las cinco de la tarde y recibieron el salario de un día completo. Después, cuando pasaron los que habían llegado primero, muy de mañana, pensaron que a ellos les pagarían mucho más. Pero cada uno de ellos recibió el mismo salario de un día completo.

Después de recibir el dinero, esos trabajadores comenzaron a hablar mal del dueño de la viña y le dijeron: “Los que llegaron a las cinco de la tarde sólo trabajaron una hora, pero usted les pagó a ellos lo mismo que a nosotros, que trabajamos todo el día aguantando el calor. Eso no es justo.”

»Pero el dueño le contestó a uno de ellos: “¡Mira, amigo! Yo no he sido injusto contigo. Recuerda que los dos acordamos que tú trabajarías por el salario de un día completo. Toma el dinero que te ganaste, y vete. No es problema tuyo que yo les pague lo mismo a los que vinieron a las cinco. Yo puedo hacer con mi dinero lo que me parezca. ¿Por qué te da envidia que yo sea bueno con los demás?”

Jesús terminó diciendo: «Así, los que ahora son los primeros, serán los últimos; y los que ahora son los últimos, serán los primeros.»

Jonás estaba desubicado, Israel estaba desubicado. ¿Somos como Jonás? ¿Pedimos misericordia para nosotros mismos, pero exigimos justicia para nuestros enemigos? ¿Qué le estamos exigiendo a Dios que haga por nosotros? ¿Qué le estamos dando?

Muchas veces no me doy cuenta que tengo torcido mis valores, una y otra vez paso por Ketos y no cambio. Sigo esperando cosas diferentes al plan de Dios, sigo discriminando, sigo esperando castigo para mis enemigos, Sigo enojándome y distanciándome de Él. Pienso que merezco segundas oportunidades pero otra gente no. Me decepciono con Dios y le exijo más de lo que habíamos acordado, cuando empecé a trabajar en su viña; al punto que me imagino que me van a pagar más de lo que me merezco.

¿Qué me merezco?

Ketos tiene que venir de la mano con arrepentimiento, tal vez me faltó esa parte en el libro de Jonás. Pero me aferro a que Dios nunca abandonó a Jonás a pesar de su actitud, y mantuvo el plan que desde un principio tuvo con él. Y que Dios usa cualquier medio para restaurar al hombre y revelarle lo esencial que son sus propósitos misericordiosos con todos.

)

Pablo Agustín

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Escribo para mí mismo. Específicamente para cuando ocupe volver a leer todo esto en unos meses.

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