Smoke day every weed.

Desperté exaltado.

Un movimiento abrupto me sacudió. Escuche caos en la calle.

Levanté la persiana y un resplandeciente color cobrizo inundó los cuartos del departamento.

Había fuego y caos, edificios desechos y carros en llamas, completamente inservibles. No entendía que había pasado, pero agradecía que todo estuviera bien.

Llame a mi familia, amigos y nadie entendía por que les llamaba. Aún más desconcertado salí a la calle, todavía en pijama, con mis tenis pantuflas. Recorriendo las calles lo encontré.

Un gran cráter partía la calle de atrás de mi edificio, el humo era asfixiante, casi no podía ver.

Entré más me acercaba me sentía más lento, los ojos me ardían y mi boca se empezaba a secar. Sentí una gran paranoia.

Al fin llegue al filo del cráter y lo pude ver.

Me quedé parado observándolo y pensé que tal vez era un porro, después me di cuenta que llevaba 10 minutos mirándolo fijamente y confirme mis sospechas.

Era el porro más grande que nunca nadie haya visto.

Hoy en día está en un museo, expuesto para que cualquier persona pueda conocer lo que un porro divino es.

Hay varias teorías de cómo es que ese porro llego a la tierra, unos afirman que el mismo señor de los cielos fue el que lo regalo a la humanidad, otros, más ortodoxos, piensan que el mismo Jesus Cristo fue el que lo dejo caer a la tierra.

Nadie lo sabe, pues ya que lo descifraron, nunca nadie lo apunta y se les olvida después de una ronda de nachos.

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