Un pequeño ser humano que aprende a ser humano.

Voy a ser papá.

Se escucha súper cabrón, pero se siente turbo chingón. Aún no me cae el veinte, es más, el veinte se quedo atascado y sigo en la fase inicial, shock.

Shock por qué esto lo cambia todo, shock por qué ahora no puedo esperar a ver a esa personita, hacerle cuentos e ilustraciones a montones. Shock por la incertidumbre y la espera, espera de no saber. No saber qué será, no saber si comprar Mrs. Pacman o Pacman. Ya quiero que esté aquí, pero al mismo tiempo quiero que se tarde más en llegar. Quiero conservar mis hábitos un poco más, como ha sido estos últimos años, con dos perros hiperactivos como hijos.

Hay veces que no dejo de sonreír y me emociona tanto, me imagino lo divertido que será, me imagino las risas que tendremos juntos, Ireri, un pequeño ser humano que aprende a ser humano y yo.

Ahora me emociona pensar en el bebé, pero al mismo tiempo me aterra, son demasiado pequeños. Toda mi vida evite cargar bebés, por miedo a romperlos, a que fuera a hacer un frutero de su cráneo o algo así, eso del cráneo aguado me llena de ansiedad.

De alguna manera me gusta que el primer bebé que cargue será el mío, algunas veces pienso que me estuve reservando ese sentimiento, otras solo pienso que es una feliz coincidencia.

Un muy buen amigo me dijo: «este niño es tu oportunidad de cambiar el mundo», uta, que palabras tan cabronas, cuanto peso en esa frase, pero tiene razón. No estoy diciendo que vaya a nacer un súper genio que encuentre una cura para todos los problemas y deficiencias de la sociedad o que pueda solucionar el calentamiento global que fue inventado por los chinos, pero puede que tal vez si.

La verdad es que a pesar de todo este desmadre sentimental, me emociona mucho, muchísimo, ya quiero que llegue, no puedo esperar a conocerlo(a) y ver cómo es que nos empieza a conocer.

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