Interludio

San Francisco Alto, Loja (Ecuador)

Tomamos una camioneta hasta San Francisco alto. Había llovido mucho la semana pasada, todo estaba lleno de lodo. Anita me había advertido que venga con zapato para caminar “algunas compañeras vienen con bota de vestir y zapatos casuales, no se puede trabajar así”. Su casa está sobre la loma, se ven el camino zapatos viejos botados que se mezclan con la tierra. Salomé baja corriendo y abraza a Anita, me abraza a mi también: “hola hermana” me dice y sube corriendo a llamar a mamá. Sale Doña Verónica, tendrá sobre los treinta años. Se ve delgada, un poco abandonada pero sonreída. Está contenta de ver que Anita trae alguien consigo. “Yo también me llamó María, soy María Verónica, pero no me gusta. Ahí gritan ‘María’ y toditas regresan a ver. Verónica nomás me dicen”. Conforme avanza la visita parece que no le importa mucho mi presencia.

Alan aparece de una de las dos habitaciones de piso de tierra con la nariz moqueando, Doña Verónica se disculpa “es que anda enfermo con estos fríos”. El niño agarra una pelota verde de plástico, muy dura. Intenta patearla. “Viera que solo con la izquierda patea, la derecha no mismo quiere. El papá le hace practicar, le dije ‘con esta mijo, con esta’ pero él sigue pateando con la izquierda. Eso sí, toditas las botellas botaba. Ahí estuvo jugando con el papá”. Anita le explica que el juego de pelota es para mejorar la motricidad, que el niño necesita seguir practicando. Salomé está lista en su mesita de plástico, hurga entre las cosas de Anita y encuentra un frasco de pintura roja para jugar. “Hoy vamos a aprender sobre el color rojo”. Antes de eso, Doña Verónica pregunta: “mija, canta ‘La Arañita’. Si por ahí pasa: “lalanita lalanita pum se cayó”, dice. Se sientan a repasar el color rojo: “la manzana es roja”, Salomé repite “la manzana es roja”. Mientras hacen esto, colorean una manzana de papel con escarcha roja y pegamento “cuál es el dedito de pintar” pregunta Anita. Salomé levanta su dedo índice. “Para que guardes Salomé y le muestres a tu papá cuando venga”. Doña Verónica cuenta orgullosa como Salomé va guardando sus hojas de dibujos, esperando que papá llegue por la tarde para mostrárselos. “Yo a veces me voy siguiéndolo a él” nos cuenta. “Los dejo a ellos donde mi suegra y me voy tras él con el almuerzo, para ayudarle a machetear. A mí no me gusta dejarlo solito. Más que sea caminando atrás de él me estoy, pero con él”.

Anita y Doña Verónica entran en un poco de chisme. “A mija ya no le mando plata para la colada. La última vez le mandé a hacer llegar más tarde y la profesora le ha dicho que no, que ya no. Cómo si la plata de una no valiera! Ahora que no lleve nada para la colada, yo le mando aparte”. Alan intenta jugar con la manzana de Salomé, Doña Verónica lo entretiene con medio plátano maduro. De la cocina sale también con un pollito que esconde bajo su blusa para protegerlo del frío. “Había otrito, uno guarico pero Alan me lo mató. Lo ha aplastado contra la malla”. Salomé termina su dibujo. Anita pregunta: “de qué color es la manzana?”, Salomé responde “azul”. Reímos todos. “Cantamos la canción del gusanito?” pregunta Anita. Me cuenta que cambiaron la letra, ahora al gusanito no se lo mata, se lo abraza. Salomé sigue repitiendo “la manzana es azul”, Anita se queda preocupada. Alan trata de esconder la pelota, Anita promete dejársela en casa de una vecina. Nos despedimos con la entrega de una funda de huevos runas de parte de Doña Salomé, continuamos la caminata. Consulto a Anita, me cuenta que Doña Verónica recibe el Bono de Desarrollo Humano.