Filosofar es complicado
Filosofar es complicado, escribir lo es, hablar ni se diga, comunicar es complicado; demasiada jerga en la escritura por ejemplo y tus pensamientos, que son claros para ti, resultan, o mejor dicho podrían resultar, en una escritura críptica, ostentosa y ridícula para tus lectores. Perdiendo el mensaje original en una constante sensación para el lector de que quien escribió se preocupa más por demostrar su erudición que por explicar claramente sus ideas.
Por el contrario una escasez de términos y las ideas se pierden en la naturaleza subjetiva de nuestras interpretaciones. En generalizaciones acerca de conceptos nuevos que su único vínculo con la realidad de nuestros lectores y la nuestra propia yace en analogías con objetos o conceptos previamente conocidos o experimentados.
Quizá todo depende de la audiencia, del o los receptores del mensaje. ¿Que tanta jerga conocen en común con nosotros? ¿Y que tanto de esa jerga significa lo mismo para ellos que para nosotros? ¿Como saber cuando podemos utilizar que jerga con que audiencia, y cuando? He ahí el dilema! Quizá sea blasfemia para algunos decir que la mejor respuesta podría venir del inesperado y prohibido mundo conceptual de la mercadotécnia, pero si lo vemos sin prejuicios podemos utilizar el concepto de la segmentación para aplicar apropiadamente el uso de la jerga en nuestra comunicación con los demás para transmitir nuestros pensamientos de manera más integra y eficiente, para perder menos información y confundir menos, para evitar mal interpretar o ser mal interpretados en el todo o en las partes.
Comunicar nuestros pensamientos de manera satisfactoria es pues complicado quizá debido a la dualidad utilitaria de nuestro lenguaje, por la complejidad de la interfaz humano-humano, emisor-receptor.
Utilizamos los símbolos del lenguaje para transmitir una idea, una imagen mental para nombrar un objeto o concepto no conocido antes, pero la dificultad se encuentra en si el receptor del mensaje a percibido con sus sentidos el fenómeno que intento relacionar con un signo lingüístico y este a su vez con una red neuronal asociada a nuestra experiencia con ese objeto o concepto representado en nuestra mente como una experiencia emocional o una asociación abstracta.
O bien por el otro lado tratamos de hacer referencia a un signo lingüístico conocido que se encuentra asociado a diferentes conceptos u objetos relativo a el conocimiento diverso de cada individúo, donde cada persona ha aprendido a asociar dicho signo lingüístico con un u otro objeto o concepto de manera preferente para su uso práctico en su vida cotidiana o profesional, es decir de acuerdo a su contexto cultural y el uso más común de dicha palabra o signo en el contexto de su vida.