Sobre la “nueva” izquierda latinoamericana y el chándal de Chávez

¡Nacionalícese!

El fenómeno conocido como la nueva izquierda latinoamericana encuentra su origen en los últimos coleteos del siglo XX, por supuesto influenciado por la caída de la Unión Soviética y la consecuente reconfiguración ideológica del clásico eje capitalista/comunista que caracterizó al polarizado contexto de la Guerra Fría. Al estilo de líderes populistas de los años 40 como Perón, los líderes de la nueva izquierda hacen uso de una figura carismática en torno a la cual se intenta crear una identidad nacional en la que las clases trabajadoras puedan verse reflejadas. También construyen su fuerza política en mayorías electorales que aprovechan para llevar a cabo profundas reformas populares, promoviendo plebiscitos y referendos como arma de doble filo en el que la población se ve forzada a elegir entre dos opciones contrapuestas, dándole un uso autoritario a un acto aparentemente democrático. Por su carácter descentralizado, los gobiernos de la nueva izquierda son de naturalezas muy distintas, adaptadas a las características de sus respectivos países.

Uno de los ejemplos más destacados, que no más representativos, de esta nueva izquierda fue, por supuesto, Hugo Chávez, cabeza de un golpe de estado por el que fue encarcelado en 1992 y, a pesar de ello, presidente electo de Venezuela desde 1998 hasta su muerte en 2013. La imagen que probablemente te viene a la cabeza es la de un Chávez enfundado en su chándal con los colores venezolanos, sentado tras el escritorio del despacho mediático desde el que su programa Aló Presidente se emitió desde 1999 hasta 2012. El público, que recibía beneficios de varios tipos a cambio de su presencia y sus aplausos en el programa, escuchaba durante horas las anécdotas y lecciones del presidente que, sin guión ni horario, interrumpía a su gusto la programación de todas las cadenas nacionales, públicas o privadas, para despacharse contra cualquier evento que le pareciera oportuno, especialmente si se trataba del imperialismo estadounidense. Apoyado sobre una base de votantes que nunca sobrepasó el 60%de la población total, Chávez usó referendos y plebiscitos a modo de arma política, algo que quedó claro con su referéndum constitucional de 1999, en el que el 71% (de una participación del 44%) votó sí a una constitución que reforzaba el ejecutivo y permitía al chavismo asentarse en altos cargos judiciales y políticos. Entre las armas de extorsión favoritas del chavismo cabe destacar el infame documento conocido como lista Tascón, una lista con las firmas de millones de personas reunidas para pedir la destitución de Chávez y que ahora se utiliza para marginar opositores.

Las pautas de Chávez pueden verse repetidas una y otra vez en América Latina. En 2007, por ejemplo, el presidente de ecuador Rafael Correa organizaba un referéndum en torno a la creación de una nueva constitución en la que, entre otras cosas, se ampliaría el rango de acción del ejecutivo y el control estatal de la economía. A modo de amenaza velada, el presidente avisó de que si salía no, abandonaría el gobierno. También con la entrada de su gobierno, la cadena pan-latinoamericana teleSUR, con origen en Venezuela, entraba en las casas de los ecuatorianos. La señal de esta cadena no se detendría ahí, sino que se extendió también a países como Cuba, Uruguay y Nicaragua, televisando el mensaje de unión regional que la izquierda latinoamericana se preocupa por expandir a través de la región. Otro de los países a donde llega teleSUR es Bolivia, donde el presidente Evo Morales dirige el gobierno desde 2006. En su caso particular, Morales representa el carácter fluido de la “nueva” izquierda, ejemplarizando el modo en el que la vieja primacía de la clase obrera se abandona para sustituir el concepto de clase por una variedad de categorías sociales, en este caso la de población indígena. Evo Morales se convertía con su elección en el primer presidente indígena de Latino América, creando controversia por la instantánea nacionalización de numerosas empresas de hidrocarburos tal y como Chávez había hecho unos años antes. En el caso de Morales, la polarización económica se vio incrementada por el énfasis de sus políticas raciales, especialmente con la introducción de una nueva constitución en 2009 criticada por su trato preferente de la población indígena. En 2012 por ejemplo, una ley obligaba a funcionarios públicos a hablar al menos uno de los tres idiomas indígenas de Bolivia bajo el riesgo de ser despedidos.

La nueva izquierda también llegó a los dos mayores países de la región. En Argentina, Néstor Kirchner resucitaba el peronismo para darle un giro progresista mientras que en Brasil, Luiz Inacio “Lula” Da Silva lideraba su Partido de los Trabajadores, llevando a cabo reformas sociales para reducir el hambre y las condiciones sociales de Brasil. Lula llegaría a decir que Chávez, Kirchner y él eran como Pelé, Messi y Maradona. Ambos surgieron en una situación de crisis política y económica, siendo capaces de renegociar el déficit de sus respectivos países y centralizar la economía. En el caso de Argentina, el presidente Kirchner combinó su imparable ascenso electoral con una extensión del estado de emergencia del 2001 que le permitía gobernar por decreto y evitar el paso por el congreso.

Precisamente debido a la amplitud de esta categoría, es difícil poner límites a lo que puede ser considerado como “nueva” izquierda. Al fin y al cabo, cada gobierno responde a una dinámica nacional distinta y sería difícil decir que lo que es cierto en Venezuela es directamente extrapolable a otros países. Lo que sí que es cierto es que estos países son afines entre sí. Los líderes se apoyan unos a otros y todos buscan de algún modo expandir las proposiciones izquierdistas de sus gobiernos mediante coaliciones y pactos como UNASUR, ALBA y Petrocaribe. La clave de su éxito es que no exportan una doctrina, sino una imagen: anti-imperialismo, pan-americanismo, nacionalización de empresas e implementación de reformas sociales. Sin embargo, esta marca corre el riesgo de muchas veces quedarse en el gesto, en la anécdota. Los índices de violencia y corrupción son altos, la economía inestable y la igualdad económica normalmente tiende a producir efectos más negativos que positivos. La “nueva” izquierda es una ideología basada en los símbolos, que no impone con armas, sino con votos. Sus líderes no son dictadores sino figuras paternales que, bajo el estandarte de la democracia, gobiernan para la mitad más uno, apoyándose en ella para expandir su poder y monopolizar el estado. Ejemplos como estos sirven para que nos replanteemos lo que entendemos por democracia, y sobre todo cómo esta a veces puede quebrar una sociedad más que unirla, dependiendo del enfoque que se le dé. Toda sociedad tiene sus contradicciones democráticas, por supuesto. Lo importante, sin embargo, es ser capaz de poder criticarlas y evitar que lo que en un principio se creó para unir a un pueblo acabe convirtiéndose en un arma de invasión ideológica.