¿Feliz año nuevo o feliz año viejo?

Se aproxima el final del 2015, y con ello las tradicionales celebraciones y los recurrentes propósitos para el nuevo año: cuidarse más, hacer más deporte, enfadarse menos, ser mejor persona, tener más paciencia, aprender algo nuevo, divertirse más, dedicar más tiempo a nuestros hijos, etc. Todo lo cual se basa en el más y en el menos, en desear y proyectar más de unas cosas y menos de otras. El más y el menos son los inseparables amigos de lo viejo, donde está uno está el otro.

Por lo tanto, a todas aquellas personas que anhelan cosas nuevas para este nuevo año, no puedo más que desearles un feliz año viejo, porque si se materializan sus propósitos, tendrán un poco más o un poco menos de lo mismo, o sea, de lo viejo.

Un amigo me comentaba el otro día que había conseguido aprender de todo en su vida, todo menos vivir, en el sentido que repetía una y otra vez los mismos errores y patrones. Decía: «En informática, cuando te surge la misma incidencia dos veces, creas una regla, un sistema, y solucionado, el problema termina. En cambio, en la vida no pasa lo mismo, no aprendo, no soluciono mis problemas, estos se repiten, vuelven cíclicamente.»

¿Cuándo podré celebrar un año que sea realmente nuevo? Mi amigo no es el único que ve impotente cómo se repite el mismo patrón en su vida, cómo impera siempre lo viejo y cómo anhela lo nuevo año tras año. Y ese conflicto, o sea, el hecho de vivir en lo viejo anhelando lo nuevo, nos persigue como una sombra pegada a nuestro zapato. Al igual que él, como humanidad no hemos conseguido aprender a vivir, a solucionar nuestros problemas.

J. Krishnamurti es uno de los pocos que aporta un enfoque radicalmente diferente y nuevo, una oportunidad de cambio en este gran drama humano. Al contrario de otros gurús, predicadores, coaches espirituales, Krishnamurti no alimenta lo viejo con sistemas, métodos, rezos, mantras, esperanzas, deseos, etc. De hecho, nos invita a descartarlo todo, todos los escapes, porque nos impiden vivir de cara a la realidad, a lo que es.

Así que quisiera desearles un feliz año nuevo, que sea nuevo de verdad, lo cual depende de cada uno de nosotros porque requiere aprender a conocernos a nosotros mismos tal como somos, sin ideales y sin anhelos de lo nuevo.

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