Post 369: Nada por hacer
Los platos llevan varios días en el fregadero porque, a pesar que trato de lavarlos todas las mañanas, la cantidad parece no aumentar o reducirse. Todo alrededor de ellos cambia — menos ellos.
Las tortillas de la abuela siguen en el refrigerador porque las cambié por algo menos digno. Yo sé, yo sé. En algún momento me disculparé con ellas.
Las sábanas están colgadas a pesar de la lluvia. Quiero pensar que son fantasmas que disfrutan del agua, pero mi cerebro me regaña. Por alguna razón, sus comentarios siempre tienen una voz masculina.
Abro un libro en un capítulo que no importa porque empecé a leerlo en un orden que no entiendo. Estoy volviendo a sentir ese molesto hormigueo en los brazos y leer en desorden es una cura efectiva.
Me levanto y comienzo a recorrer la casa, pues no puedo hacer otra cosa. Visito cuatro por cuarto, con los brazos cruzados y la cabeza baja. No entro a la cocina. A esa todavía no estoy lista para verla.
A todo esto, lo único que quiero decir es:
Quiero ser una novela que se pueda leer de principio a fin.
Qué lindo abrir un juego de sábanas limpias.
No hay mayor placer que un fregadero vacío.
