De traditionibus

Según la R.A.E. tradición es, en su primera acepción:

Transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación.

Os preguntaréis si ya se me ha ido del todo el pancho, que a qué vienen a estas horas todos estos latinajos. Pues puede ser, pero aaaah, es lo que hay, se siente, Pablo y sus pabladas.

Durante los últimos días he oído mucho la palabra “tradicional” y me ha dado por pensar. Por pensar en lo curioso que es el uso que hacemos de esta palabra. Por lo general, se considera lo tradicional como algo bueno, porque como se lleva haciendo toda la vida, pues para qué darle más vueltas, sigamos haciéndolo. Aunque sea una auténtica barrabasada.

Pongamos un ejemplo. Magaluf, o Salou, ya sabéis turismo low cost que viene de las islas británicas a desfasar. Si dentro de, pongamos, un siglo, siguen haciéndolo, pues necesariamente, se habrá convertido en una tradición. ¿El hecho de que sea tradicional cambia la moralidad del acto? Por supuesto que no, más allá de lo que piense cada cual al respecto del hecho. El hecho es bueno o es malo en función de la escala de valores de cada cual, nada más.

Otro ejemplo más. Algunas cofradías durante la Semana Santa conceden indultos a presos. Es tradicional, llevan haciéndolo muchos años. ¿Es correcto conceder un indulto arbitrario a un preso que está cumpliendo su condena? Pues lo mismo, depende de la escala de valores de cada cual. En mi opinión es una tradición absurda. Bueno, de hecho en mi opinión el indulto es absurdo, además de una auténtica meada sobre la justicia (guste más o menos, es la que hay y en teoría nos ampara a todos). Éste es otro ejemplo más de que lo tradicional no implica ni mejorar ni empeorar la percepción moral de un hecho.

¿Qué decís? ¿Que queréis otro ejemplo? Pues se me ocurre uno. Iba a decir “los toros” pero voy a ser más preciso. El Toro de la Vega. Según la wikipedia “es un evento taurino de origen medieval que se celebra en la localidad de Tordesillas, provincia de Valladolid. El torneo consiste en la lucha, caza o persecución1 de un toro por decenas de picadores y lanceros, en la cual algunos de estos últimos intentarán alancear al toro hasta la muerte, después de que este haya sido soltado por las calles del pueblo y conducido por los corredores y aficionados hasta campo abierto. Si el toro pasa los límites del torneo o los lanceros no pudieran matarlo se indultará el toro.” Pues bien, me parece un ejemplo perfecto de lo que quiero transmitir. Mucha gente se opone por considerar esta celebración algo salvaje y trasnochado (por ser suave y delicado, si no lo fuese diría que es de auténticos trogloditas). Hay gente que está a favor. Ellos sabrán. Pero el argumento más repetido para defenderla es “Se lleva haciendo toda la vida”. Que capacidad de argumentación más profunda. El mero hecho de que sea tradicional no reduce en un ápice ni aumenta lo más mínimo los valores morales de la celebración. La primera vez que se hizo era igual de (bueno, malo — lo que prefiera cada cual) que el año pasado.

Generalmente, si alguna vez os justifican cualquier cosa diciendo “es tradicional” sin aportar más valores, desconfiad, probablemente será algo cuestionable. Hay muchas tradiciones que se celebran sin necesidad de que nadie diga “es tradicional”. Hay miles de ejemplos. Pero claro, esos miles de ejemplos no hace falta “justificarlos”. Su valor es intrínseco a su propia celebración, incluso, y esto es opinión personal, aunque para uno no tengan el menor sentido. En mi caso me pasa con las procesiones de Semana Santa. El mayor valor que tienen es la mera estética de los pasos. A mí, personalmente, no me transmiten nada. Pero no hace falta que nadie las justifique porque no las cuestiono. No voy, y punto.

Del mismo modo hay gente a la que no le gustan otras celebraciones porque no le aporten nada, ni se sienta identificado. Es totalmente válido. Pero si no hacen daño a nadie, pues es fácil, las ignoras, y punto.

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