Matrimonio, divorcio, ser hijo/hija de divorciados…

Pasan los años y de la nada, la vida te lleva a ruletas existenciales, donde te tocó el nervio de la inconformidad, te incomoda estar como estás, sientes que algo debes cambiar en tu vida para que vuelva a estar en el camino de belleza panorámica que esperamos. A veces también están esos momentos en los que cada mañana te despiertas con ánimo, felicidad en las venas y ¡hasta haces los desayunos con coreografía incluida!

Bueno, estos meses, he pasado por esos dos vaivenes, pero el último, ¡auch! Ése sí que está como para bautizarlo con algún nombre femenino como lo hacen con todos los huracanes. Me ha movido tierras emocionales, psicológicas, de salud, de sueños y aspiraciones, ¡me ha movido todo!

Hay grandes y pequeñas adversidades que son parte de nuestra vida poniendo a prueba nuestra resilencia. Muchas personas se desahogan (linda imagen, desahogarse de los problemas) de diversas maneras, entre humos, tragos, bailes, depres, sueño, charlas, etc. Mi manera de deshacerme de los dolores que vivo es pensar las cosas con la mente calmada (algo que me hace perder mucho tiempo esperando la calma, pero bueno, veamos el lado positivo, no soy impulsiva ni tomo decisiones importantes dependiendo de la emoción… bueno sí, a veces), por eso me gusta escribir, es una terapia para mí, poder escribir y sacar la emoción, el conflicto, y a veces cuando ni sé que es, ¡igual sale!

Ahora el tema es el matrimonio, eso que los hombres dicen “matricidio” tantas veces y nosotras, ingenuas, nos quejamos! Ahora entiendo! Y chicas, atención! Es una advertencia gratis!!! Ese “matricidio” es para nosotras! Jaja, bueno, en realidad, sí tiene algo de razón, estamos deliberadamente entregando nuestro ser entero a nuestro matrimonio, y no sé si sea así con todas, claro, pero al menos la mayoría sí que lo es.

Hace unos días pensaba en los casos de divorcio que conozco, y en la casi “inquebrantable” voluntad de perseverar en el matrimonio que tenemos las mujeres. Y es que sí debemos reconocer todo el valor agregado que cargamos al ser esposas y madres, la tarea de la casa (que son montones de tareas), la alimentación de la familia, planificación… Generalmente nuestro despertador inicia nuestros días antes que el de los demás, para despertar a los peques, hacer el desayuno y preparar el lunch. Creo que la tarea más difícil de ser mamá cazada, perdón, casada, es la emocional. Muchos días nos sentimos mal, en mi caso, por ejemplo, me siento fatal cuando estoy con los síntomas PM, nada me queda bien, mi cara no se ve igual, y bueno… o si nos enfermamos! Si tuvimos una mala noticia, un problema familiar que nos afectó, emocionalmente nuestro día pasa e intentamos cubrir nuestras propias necesidades para cumplir con las necesidades de nuestra familia, dejando para el último las nuestras como mujeres, como persona… “debo tener paciencia con las peques”, “hay que procurar silencio si nuestro esposo tiene una llamada del trabajo”, “¿todos comieron ya?”, “si hay una pelea de juguetes: actuar de mediadora”, “si el estrés de nuestro esposo lo tiene de mal genio tratar de controlar que las chiquitas no lo saquen de control”… Entonces nosotras, demostrando nuestro trabajo polifuncional, damos a todos una sonrisa al saludarlos, nos damos tiempo para abrazarlos, servirles la comida, luego pensar en la merienda. Se termina el día y… “¡cierto!, quería salir a la peliquería, pero bueno, ya será otro día”.

¿No les resulta familiar?

Esa tarea emocional me ha estado pesando kilos últimamente! Tanto que a veces pienso si esto de el matrimonio es u n peso o es una maravilla, y lo digo porque seguramente habrán leído por ahí que los esposos estresan más a las mamás que sus propios hijos…

Pensando en los divorcios de los que he sido testigo, pues me sorprendí cuando me fijé que el factor común entre ellos, y es que el esposo fue quien quiso divorciarse! Wow! Entonces pedí opiniones en un grupo buenazo de mujeres en el facebook, y a pesar de que no muchas escribieron, las chicas que lo hicieron afirmaban ellas haber tomado esa decisión, incluso una chica dijo que fue la mejor decisión de su vida! De lo que me dí cuenta, es que entre todas, se referían a que decidir divorciarse fue algo muy difícil, y claro que debe ser! Muchas veces uno ve parejas tan disparejas, matrimonios infelices, que sólo cabe pensar qué pasa que no se divorcian? Eh preguntado también, ¿por qué no te divorciaste antes? Antes de perder juventud, años y años, y posibilidades de formar otro hogar con una persona más compatible, ¿será que como mujeres valoramos tantos aspectos que incluiso el hecho de que nuestros hijos no tengan que pasar por un divorcio es un punto a favor para el matrimonio? ¡Pero qué digo! Si ése es uno de los más importantes…

Claro que sí, está el hecho de que cuando eres madre (o padre) te preocupa mucho el devenir de tus hijos, su salud emocional, los conflictos que acarreará tomar una decisión así… Y yo, que soy hija de padres divorciados, y eso que ya estaba grandecita, se divorciaron cuando yo tenía 16, puedo decir que afecta, te puede cambiar la vida, de hecho, y creo que se debería exigir que se haga una terapia como parte del divorcio, para que los padres tengan una guía de cómo bregar con los conflictos venideros luego de separarse, y para que los hijos no se vean tan afectados…

Ahora soy mamá y aún hoy siento ese “sinsabor” y “quiebre” al estar entre mis padres, que si va él yo no, que si está tu mamá avísame para no ir, que si hay una invitación formal es mejor cancelar…

Mi conclusión… El matrimonio en mi vida ha sido una gran universidad de autodescubrimiento, claro está que con los años vamos madurando y adquiriendo sabiduría, cnociéndonos más, pero el matrimonio en mi vida ha sido como un filtro… Dejo pasar lo que he podido ceder, pero eso que no considero negociable, se queda, ya sea en valores, o costumbres, hábitos o creencias, y cada vez me veo más afianzada a quien soy, cómo quiero vivir, qué espero obtener, cuáles son mis sueños o ilusiones.

Y como hija de un matrimonio que terminó en divorcio, sigo aprendiendo a aceptar sus diferencias, y a dejar fluir el conflicto de mis padres sin sentirme partícipe ni parte. De lo que estoy segura es que aún en el divorcio, siguen existiendo lazos inquebrantables que somos los hijos, y ya que nadie prepara a nadie para lo difícil del matrimonio, nadie tampoco lo hace con los divorcios, ni a padres ni a hijos… Así que vamos ahí! A ver el lado positivo y sacarle jugo a las experiencias, aprendiendo de los errores cometidos y superarlos!

Que estar junto a mi pareja es como aprender a andar en zancos, será que nos caemos? Yo digo que por el momento, a veces tendremos que caminar con apoyo, una guía profesional, terapias… Son recursos que tenemos todos para avanzar y envejecer junto a esa persona que aunque te sacó canas verdes, también dio de parte para aprender y seguir a tu lado.