Ahí estaba yo, inmersa en esa oscuridad sin respuestas, asustada, perdida…

Son tantos los momentos de nuestra vida donde nos perdemos; sinceramente yo no sabía -o quizá aún no se- qué hacer para volver; flotando, el cuerpo dormido, los pensamientos dispersos.

Son tantos los momentos donde debemos detenernos y analizar, ¿por qué? Claro que esto es fácil, lo difícil es emprender el viaje mental y conocer, frente a frente, tu lado más terrible y despiadado. Temores, muchos, que crecen cómo la maleza, rápido y sin piedad.

Entonces, volteo y la veo, ahí está, es ella, la mujer que me dio la vida, un tema intocable para la mayoría. Guardo silencio y la observo, ya sin la fantasía del amor, tratando de crear un contexto más real. Es con los días, con mi propio tormento que me doy cuenta de cuál es mi mayor lucha, alejarme de su realidad, de esa tremenda angustia que la envuelve todos los días, esa necesidad de reprochar las desgracias de su vida en cada ser viviente que le rodea, esa forma suya de ser y sentirse una víctima de la vida.

No entiendo la necesidad del ser humano por competir constantemente -puede que si la entienda, pero me es tan estúpida…- una lucha de extremos (pues realmente no conozco el equilibrio en las competencias). “Yo tengo la mejor vida, no, no, pero también tengo el peor de los pasados”, “nadie sabe más de sufrimiento que yo”, “todos me juzgan”, “todos me aman, pero también me odian”; pero la peor de las peleas se encuentra dentro de ti, de mí, de nostros mismos; debes luchar contra dos personalidades, la social y la interna (que aún esta es construida por la sociedad, pero con una pizca de percepción), quién eres y qué debes ser.

La mayoría nacemos para llenar la soledad de nuestros padres, nacemos para darles un propósito, para callar su falta de amor propio; esto nos vuelve esclavos del amor. Cargamos la responsabilidad de satisfacer toda visión irreal que se formaron mucho antes de tenernos. “Tenernos” eso hacen, le pertenemos a todos menos a nosotros mismos, y esa es la búsqueda más extensa que haremos, buscar nuestro yo y después amarlo.

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