En mi comienzo está mi final.

Mi Columna Vertebral

El otro día me encontré con un tópico de conversación poco visitado. Metido en el meollo de una tertulia (me gusta esa palabra, mejor define conversar, beber y comer con ánimos de darle rienda suelta al respeto hecho charla) con amigos entusiastas del agua de vida rotulado como “Whisky”. Me encontré con la pregunta “¿Y para vos? ¿Cual es tu mejor final? ¿Como te despedís del mundo?”.

Si bien dicen que nunca uno debe mezclar alcohol con tópicos como religión, política y fútbol. Es de gran satisfacción el hallazgo de que sí uno puede hablar del “Adiós mundo cruel” con oídos respetuosos y honestas ideas, probablemente es el tópico más intensamente íntimo y revelador que un grupo de amigos puede -y debe — tocar.

En esta conversación emergen nociones como familia, sugerencias del trato con los hijos basado en experiencias propias, que muchas veces están enmascaradas en esa idea bravucona que en los asados de “los perros” hay que tomar hasta que nada tenga sentido y que los tópicos oscilen entre quien cagó en el escritorio de un juez y la posibilidad de que el borracho de la arbolada baile por un ñoño en lo de Tinelli, perdón en lo de Casanova.

Ignorances is bliss / 2nd quarter

Hablar del final si o si nos lleva a rememorar el comienzo. Ese momento en que uno todavía está buscando, o al menos no se cansó de la búsqueda, en donde la idea de que la ingenuidad es una bendición ni siquiera emerge ya que no sabemos ni de que se trata esto de ser ingenuo y mucho menos las “benevolencias de las bendiciones” que irán a interrumpir nuestra adolescencia en algún momento de nuestras vidas.

Bukowski decía “El problema con el mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que la gente estúpida está llena de certezas.” Además de tener razón, está noción propone un punto medio, un puente de ignorancia en donde la duda y la certeza se convierten en el día a día de aquellos que quieran ese extraño nirvana, prometido para algunos después del final y para otros, antes: Felicidad.

Al final, ¿Qué importa más: vivir o saber que se está viviendo?. La importancia de entender que los finales no están solo al final de la vida fisiológica de uno mismo, sino que la vida está repleta de otras vidas, con distintos finales cargados de distintas lecciones. De felicidad y tristeza buscando un balance que nos permita vivir con ojos despiertos y sabios a la idea de que todo está a un segundo de cortar a negro.

“Todo muy lindo lo que decís Panza, genial lo de Bukalki noseque, pero te voy a preguntar un poco algo, yo tengo un socio al que le dicen Yuyal y tiene terrible culo né, todos saben eso, desde que nació. Ahora decime, ¿como le explicas a Yuyal que hay una vida cargada de felicidad y pedos de colores si al tipo no le dejan ni sentar en el colectivo?” — Touché. Hay veces en que las historias de quienes conocemos, por mitos y leyendas o por haber compartido la vecindad del olor corporal, en el caso de Yuyal, terminan abriendo una ventana hacia lo desconocido, hacia cuestionarse ese “¿Como lo que hace fulano para sonreír si su casa se cayó encima de su auto y su criatura perdió todos su power ranger samurai ninja en el mismo incidente?”. Yo no se como se hace para dar la vuelta la página, lo que sí sé es que hay otra página y que normalmente está en blanco. Un desafiante blanco ha ser llenado con más preguntas y si tenemos suerte, con garabatos de ideas.

Si hablamos de vida, la vida se acaba cuando decidimos dejar de vivirla, puede ser en tiempo real, o puede ser en el olvido de simplemente respirar y disfrutar de ese aliento.

Si hablamos de finales, el final de una historia debe siempre recordarnos al comienzo, sólo ahí sabremos que verdaderamente este…es el final.

¡Salú!
Ilustración Dani Arzamendia