Miedo
Qué sabe uno del miedo si éste no se te mete en los huesos, en la cabeza y te susurra que hay cosas peores, cosas que nunca antes habías imaginado.
Saliendo del metro me topé con un charco. De inmediato pensé en Adrián burlándose de mí porque “me dan miedo” los charcos. Pero no, no es que me den miedo, es que no me gustan.
Cuántos años he pasado diciendo que algo me da miedo cuando quería decir que simplemente no me gustaban. Yo no sabía lo que era el miedo hasta hace poco. Ese frío insoportable, paralizante, de que algo así de horrible vuelva a suceder, miedo a lo definitivo, miedo a todo eso que vive en la cabezas de aquellos a quienes amo, miedo de no poder ayudarlos ante una situación así de horrible.
No, los charcos jamás me darían miedo, pero el verte con la mirada perdida justo antes de saltar, cada noche, en cada sueño y a veces incluso mientras estoy despierta… eso es miedo.
Sigo culpándome, sigo creyendo que si deseo algo con suficiente fuerza, puede suceder…
Recién voy conociendo el miedo.
Este infierno diario es algo terrible, pienso demasiadas estupideces, pienso en que quiero verte y también pienso en que no es posible. No sé dónde estás, no sé si es que sigues por ahí. Sé que te transformaste en energía, pero esa energía no está aquí. Sé que volviste al principio de todo, sé que todos somos infinitos… Pero este saber no me deja un buen sabor de boca, porque nada de eso son tus manos a medio abrir mientras duermes, nada de eso es tu risa burlona ante mi torpeza, nada de eso es la pasión con la que hablabas de cualquier cosa.
Encontré mi libro de Sabines… Sabines, nuestro Sabines, y era el mismo libro que los dos teníamos, con esas páginas que nos sabíamos de memoria, y encontré esa línea donde dice que de nada sirve morirse. La muerte es inútil, más inútil que la vida, y allá te fuiste a encontrar…
¿Y si vuelves un ratito? No sé ni para qué te quiero, pero es que pasamos tantos años sin vernos y de repente sé que pasarán muchos más antes de que regreses o de que yo me vaya…
Lo que más me encabrona es no poderte gritar.