Te dejo.

Lo he pensado mucho, y creo que es mejor que cada uno siga su camino. Sé que podrás avanzar sin mi, y estoy seguro de que encontrarás a otros y otros te encontrarán a ti. Parece que fue ayer cuando nos conocimos, tonto de mí que pensaba que eras cosa de una noche y fuiste cosa de años. Lo pasamos bien y no todo fue malo, yo te daba calor y tu me hacías compañía, no hubo nadie más fiel que tú a cada uno de mis problemas ni con el que haya tomado tantas cervezas, contigo el café sabía diferente y los orgasmos se alargaban un poco más.

Fijo que no te pilla por sorpresa, probablemente habrás notado que desde hace tiempo ya no te toco igual, ni nos vemos con la misma frecuencia. Las cosas ya no son igual que antes, siento que para mí estar contigo se ha convertido en una obligación en la que tú tienes todo el control, y eso es algo que no me gusta. En cierta manera es verdad que ha influido lo que dice la gente, porque nadie habla bien de ti, también es verdad que era algo que sabía desde el primer día que te conocí. Supongo que los dos intuíamos que no sería para siempre, que esto pasaría en algún momento o sino probablemente lo nuestro me acabaría matando.

Me va a costar adaptarme, lo sé, durante todo este tiempo las únicas semanas que hemos estado separados no ha habido un día que no te echase de menos, en que no pensase en ti, en que no sintiese entre mis manos. Pero como dice mi madre, el que algo quiere, algo le cuesta.

Hoy es el último día que te he encendido, hoy es el último día que te he fumado, hoy es el último día que te he apagado.

Adiós tabaco.
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