Allá donde parten las olas

Una maleta de incertidumbres

Tengo un razgo aparentemente sociopático relacionado a la falta de apego y al desarraigo, en estos tiempos eso parecería una falta de venezolanismo, uno siente que debe arrastrar los pies por el tiempo perdido , las distancias que nos separan y por el país que dejamos, tanto que a ratos me siento mal por sentirme bien, pero hay muchas realidades y trabajo sin descanso en la mia.

Del país que dejé hace casi cuatro años ha quedado una carcaza vacia, es trágico y admito que me duele, pero no por el Avila, el Salto Angel o el Relámpago del Catatumbo, tampoco por la gaita o las arepas, sino por la familia y los amigos que aun están allá, algunos porque no pueden salir y otros porque queriendo y pudiendo no se deciden a hacerlo, esto último me resulta igual o más triste.

Cuando la marea baja las olas se hacen pequeñas, mi vision de los emigrados es igual, al principio se fueron mis amigos mas cercanos, los de mi generación en el colegio o la Universidad, luego una ola mas jóven, los amigos que hice después, mientras quedabamos unos cuantos decididos a aprovechar la esperanza guardada, mas tarde la tercera ola partió y en medio de todo tomé la decision, ya me sobraban puestos en la mesa del café, ya no me cruzaba con mis conocidos en la calle.

Nos tomó trés años de verdaderos sacrificios, dormir menos para estudiar el dioma, no trabajar doce horas diarias para hacer tiempo para el curso, noches y fines de semana preparando documentos, pruebas, comprar dólares en el mercado paralelo y encontrar la forma de sacarlos, fue un tiempo de vivir dos vidas, la que no se puede detener y la que preparas para después, todo sin descuidar a la familia, porque emigramos con niños.

La ola mas reciente es una especie de “sálvese quien pueda” personas que han estirado sus opciones y recursos al máximo para salir del país a como de lugar, en esas condiciones los riesgos son mas altos, hay menos preparación en los idiomas, en lo económico y en lo legal, muchos asilados, y en algunos casos estudiantes bajo la promesa de un dolar cadivi que no se concretó, resultando en tener que hacer lo que sea con tal de permanecer en el país de acogida.

Es más frecuente escuchar el lamento de quien huye, la nostalgia y la depression se hacen presentes porque llegar con una maleta llena de incertidumbres y fallas te pone automáticamente por detrás del resto, son testimonios que lamentablemente veremos con mas y mas frecuencia, mientras las personas no partan tanto en busca de algo mejor como huyendo de lo peor, porque quien huye lo hace mirando hacia atrás, tratando de no dejarse alcanzar, asi es dificil ver los obstáculos del camino, entonces algunos se enredan y otros terminan como estatuas de sal, siempre añorando lo dejado.

No hay un venezolano ideal, hay que desmitificar el gentilicio y entender que las cosas que nos separan son las mismas que al resto de las personas, porque los deseos, las ambiciones, las metas y la forma de alcanzarlas son únicas en cada individuo, por otra parte si algo nos a unido es haber crecido en una cultura que ha dejado al país en su estado actual, eso se lleva en la piel y toma esfuerzo lavarsela de encima, pero si se puede, asi como tambien se puede amar el nuevo país y la nueva vida, convertirse en uno mas, salir adelante y porque no, cruzarse con nuevos amigos en algún café.

Ese país que añoramos no existe, pero probablemente uno nuevo y mejor sea el resultado futuro de nuestro esfuerzo actual.

L.S.