Entrevista con Brigitte Broch: conversación sin respaldo

Arturo Pardo
Oct 23, 2018 · 4 min read
Broch tiene 74 años y todavía sigue pensando en participar en más películas. FOTO: Valeria Argüello

La serie Black Mirror debería tener un episodio en el que un teléfono celular se dedica a traicionar a su dueño. ¿Acaso no es una premisa suficientemente sólida como para mantenerse con la piel de gallina durante un episodio entero?

El fin de semana pasado me ofrecieron la posibilidad de entrevistar cara-a-cara a la veterana directora de arte y producción Brigitte Broch, cuya visita al país se dio en el marco de la Semana Internacional de Cine y Televisión, en la Universidad Véritas.

Yo dije que sí. No era cualquier señora la que tendría al frente. Su talento de autodidacta le ha permitido estar en numerosas megaproducciones cinematográficas: en ocho de ellas como Directora de Arte, en 22 más como “Production Designer”. Además tiene otros tres como “set decorator”, entre las que aparece Moulin Rouge, una película por la que se ganó una estatuilla del Oscar que ahora tiene guardada en el baño de su casa.

Son las 3:00 p.m. y la señora que tengo al lado ha participado en Babel, 21 Gramos, Amores Perro y The Reader pero todavía no ha almorzado en este día.

Su visita al país se dio gracias a la invitación de la Universidad Véritas. FOTO: Benjamín Weidlich.

La alemana — radicada en México desde hace más de 50 años — y yo, conversamos durante casi 15 minutos en el primer piso del edificio que alberga al auditorio Roberto Sasso Sasso, donde más temprano, y por unas cuatro horas, había dado una clase magistral para estudiantes de cine y curiosos afines.

Los sillones en los que no sentamos para hablar no tenían respaldar, mientras que la entrevista no tuvo respaldo. Mi celular, si bien me dijo siempre que estaba grabando, que me sería de gran ayuda y que podía confiar en él, al final me traicionó con tan solo guardar el archivo de audio de la entrevista en un formato que ni pude ni podré abrir nunca, por más páginas que me recomienden para convertir extensiones de archivos.

Por 15 minutos se extendió la conversación, 15 minutos que se fueron para la porra en un documento “.m4a”. Nunca es tarde para que le ocurran a uno estos chascos por primera vez.

Tres días después, al pretender transcribir aquel encuentro, lo que me queda es la memoria, a la que echo mano en un ejercicio injusto que nunca es, ni será lo mismo, la interpretación de las palabras ajenas en comparación con la transcripción fidedigna y completa de una conversación entera.

Ahora vengo a ver las preguntas que había preparado para hacerle. Se las hice todas y le hice unas más. ¿Para qué, verdad?

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Durante la conversación sus respuestas fueron pausadas, casi siempre antecedidas por una mueca que servía de adelanto a la réplica que estaba por venir. Su rostro, con arrugas pronunciadas acentuaba las expresiones que quería evocar.

Cuando Brigitte Broch habla de su carrera parece minimizar parte de su trabajo, no lo dice, pero lo cuenta sin mayores atractivos, igual a como manifiesta su duda al tratar de recordar si su teléfono celular se quedó en el auditorio en el que estuvo hace un rato. Si ella ha estado presente en todos los sets de películas que han terminado convirtiéndose en referentes del cine moderno, entonces no tiene porqué verlas con mayor sorpresa.

Es uno, el que lee su currículo filmográfico el que se impresiona. Por cierto, su celular sí se quedó en el auditorio, mientras ella y yo hablamos, alguien está buscándoselo para entregárselo un rato después.

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¿No es maravilloso que una misma persona haya trabajado tanto con Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón? La triada de directores mexicanos cuando contrataron a Broch, todavía no sabían lo grandes que se harían. Ella parece que sí lo intuía…

“¿Por qué cree que los tres han triunfado en Hollywood como ninguna otra generación de directores mexicanos lo han hecho?” Me dijo algo que sí puedo repetir: porque los mexicanos tienen mucha energía para trabajar.

FOTO: Valeria Argüello

En su experiencia en suelo azteca lo ha notado con solo interactuar con los empleados que trabajan en el set jalando cables hasta con cualquiera de estos tres directores ya mencionados arriba. Borch no habla directamente de talento, tampoco de creatividad, pero sí de ética laboral.

La pasión por el trabajo en el set es contagiosa, según dice la señora que se mantiene erguida sobre el sillón sin respaldar. En su caso, parece, esa obsesión también es inevitable. Ella misma se autodefine como obsesionada con cada película en la que aparece su crédito.

Me asegura, mientras se rasca los brazos agitadamente, que pensar en hacer una película es algo la mantiene inquieta, no por tensión, sino porque le hace falta.

Tiene 74 años y por su cabeza no pasa la idea de retirarse, involucrarse en un largometraje es una necesidad. ¿Cuándo participará en otra? No lo sabe, mientras tanto trabaja con entusiasmo diseñando un set donde se establecerá un complejo hotelero y habitacional, en un lugar que prefiere no precisar por la envergadura del proyecto y por no tener la autorización de quienes la contrataron para este rol. Lo otro que sabe, es que al día siguiente de esta conversación viajará al Poás. La sola idea la entusiasma.

Brigitte me preguntó en algún momento de la entrevista si yo la estaba grabando. Le dije que sí; realmente lo estaba haciendo, lo que nunca le dije, probablemente porque yo no lo sabía, era que aquella grabación no me serviría de absolutamente nada.

    Arturo Pardo

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    Dulcero, ex asmático, melómano, mejenguero, ventrílocuo frustrado, aprendiz de tap, integrante del trío Foffo Goddy, vecino de San Pedro pero nunca lo he visto.