Fotografías tomadas por Sebastián Blanco en Conquista Records

Entrevista con Magpie Jay: ‘por primera vez tenemos un sonido propio’

El primer álbum de Magpie Jay, Monte Claro apareció en el 2016. La banda vino sola, quizá en un momento en que no vinieron en combo como parte de una generación de nuevos talentos, como sí ocurriera unos años antes en el contexto nacional.

Cuesta decir que es un quinteto joven, pues, aunque su vida todavía es corta, ha sido muy prolífica. Sus trabajos discográficos han sido continuos, el grupo ha gozado de una constante presencia en festivales locales y su promoción denota un buen trabajo detrás, tanto para sus conciertos como para los lanzamientos videográficos.

Su base para los ensayos está en Conquista Records, en Escazú, donde se hizo la grabación de la mayor parte de este último álbum, Tragaluz, primero con Giancarlo Tassara como ingeniero de sonido y sumando también a Felipe Pérez (424, Achará) en el rol de productor.

Ahora ensayan no en el estudio principal sino en la casa de al lado, donde la ilumación los tiñe de verde y la rutina de poco más de una hora les permite repasar con fluiez todos los temas del disco, aunque todavía en sus instrumentos hay algunas dudas para los arreglos.

Si bien Tragaluz todavía no ve la luz (rima intencionada), ya tiene un mérito grande, casi histórico: su presentación oficial ocurrirá en el Teatro Nacional, donde El Parque fue la última banda de rock que tuvo un show propio ahí, en 1998. Ahora le toca la oportunidad a Julián Garita (voz), Felipe González (bajo), Felipe Apéstegui (guitarra), Martín Brandt (teclado y secuencias) y Sebastián Suñol (batería).

Tras un ensayo de viernes por la mañana, se dio esta conversación que prosigue. Por responsabilidades laborales, no todos los miembros del grupo estuvieron presentes durante la entrevista, pero entre todos, hablaron especialmente sobre su modelo de trabajo y lo que vino antes del disco, incluida una temporada de dudas, un enfrentamiento con el ego propio y la oportunidad de abrirle espacio a sonidos frescos, cortesía de nuevos colaboradores.

Fotos por Sebastián Blanco.

Después de ver la dinámica de ustedes en ensayo me queda la impresión de que todos participan por igual del proceso de la banda. ¿Es así?, ¿cómo funcionan sin que haya uno solo a la cabeza?

Martín: En realidad sí hay una jerarquía, pero se da de manera natural. Por ejemplo, en este disco pasó que Apéstegui puso muchas de las semillas de las canciones. Todas las piezas nuestras nacen de todos, ninguna nació de uno solo, pero muchas de las semillas de esas canciones las sembró él, otras Feli, y una que otra las hice yo. Eso define el rumbo que toma la pieza. Creemos en ese concepto publicitario de que “la idea gana”. El que tiene la idea es el que manda. Hay un proceso así, pero se da de manea tan natural que creo que no hay problema para digerirlo.

Julián: Cada quién sí se encarga de su instrumento, de componer su parte y ahí cada persona lidera ese aspecto, pero a nivel de composición sí es muy grupal, como de feeling y de tacto.
 
 Martín: Nosotros sabemos cuáles son las deficiencias y las fortalezas de cada uno y eso va más allá de la música. Como empresa también hacemos lo mismo, por ejemplo, a mí me toca todo el tema de los ensayos y a veces cosas de sonido. Garita, como estudió fotografía se ocupa de ese tema, Sebas ha agarrado un rol administrativo junto con Antonio (Rodríguez, el mánager de la banda), Feli (González) ayuda con el merch y para producir ciertos eventos. Más allá de la música aceptamos que somos un equipo y cada uno tiene sus virtudes.

Sebastián: Siento que aquí se da con líderes del momento y eso sirve en todos los sectores, musicales y administrativos. Cada uno respeta lo que está haciendo el otro y así deja que las cosas fluyan.

Fotos por Sebastián Blanco.

Con Monte Claro y con Islita sé que hicieron encerronas para componer. ¿Para este disco en algún momento hubo algo así también en el proceso previo de grabación?

Felipe G.: Lo intentamos, en Monte Claro fue en una finca de Apéstegui y en Islita hicimos varios viajes a Islita, con Misha (Pacheco, dueño de Conquista Records). Para este pensamos en hacer algo así, pero no era como ese apego emocional que tuvimos con los procesos anteriores. Tratamos de hacer una encerrona aquí, estuvimos 18 días en eso, pero luego (Giancarlo) Tassara nos dijo que no nos iba a dar tiempo, al final lo hicimos en 4 o 5 meses.

Martín: En teoría íbamos a venir aquí solo a grabar y luego darle el material a Tassara para que él mezclara, pero nos funcionó hacer mucho aquí y luego otra parte en (el estudio) Miut, donde él.

Sé que algo hubo diferente también previo a este disco. Entiendo que Antes de grabar tuvieron un distanciamiento entre ustedes, ¿cierto?, y además que había dudas, ¿de dónde nacieron esas dudas?

Sebastián: Primero fue por un break que necesitábamos. Desde el 2014 hasta el 2018 tuvimos un periodo de no parar, era de chivear, grabar, chivear, grabar… entonces después de eso, tuvimos un espacio necesario que cada uno ocupaba. En ese momento nosotros (Sebastián, Suñol y Martín) tuvimos unos viajes fuera del país. Apéstegui se quedó un mes más allá en Colombia, este mae (Julián) hizo un retiro de yoga y él, igual que yo, recién habíamos terminado unas relaciones emocionalmente duras, además Felipe y Suñol vivían juntos y se separaron en ese momento. Fue un rompimiento emocional fuerte.

Fue difícil porque ese es el momento más duro que ha pasado la banda, estábamos en diferentes páginas. Hubo dudas de si grabábamos el disco, y eso que nos fuimos con las maquetas listas. Al final decidimos vernos un día en una casa de nosotros y nos dijimos: hablemos esta vara como adultos que somos. Entonces recordamos que esto venía de una amistad principalmente, y que, si no grabábamos el disco, al menos que siguiéramos siendo compas. Fue una reunión intensa; dura. Yo hasta lloré cuando terminó la vara. Fue una vara de ‘¿vamos a grabar o no?’ Fue algo muy duro pero también, de pichazo, restructuramos todo. Por ser tan compas y tener presente que llevamos cinco años en esta vara, nos dijimos: ‘sigamos’. Todos fuimos muy honestos, dijimos lo que nos tenía hartos. Fue algo increíble, fue como estripar el botón de restart del Nintendo 64, que uno estripaba y salía una pantalla negra. Desde entonces volvió la buena vibra; hasta la fecha todo ha fluido. Además Tassara y Felipe Pérez resultaron ser dos ángeles, dos genios musicales que cambiaron el rumbo de esta vara y el sonido y eso se ve reflejado.

Fotografías por Sebastián Blanco.

Felipe G.: En mi cabeza no fue tan trágico, pero lo que es cierto es que al final nos hizo pensar que todos estamos creciendo, y es normal tener encontronazos y es algo que nos va a seguir pasando.

Es interesante oírlos hablar de que les chocara tanto una pausa. Si uno intenta comparar el tiempo que tienen ustedes de existir, o incluso el tiempo que ha pasado desde que sacaron el primer disco, es evidente que han sido muy productivos en un tiempo corto. Me entra la inquietud de que tal vez ustedes tienen la necesidad de un avance permanente.

Martín: Cuando el grupo empezó los miembros estaban muy jóvenes (Martín fue el último en ingresar al grupo), pero ahora estamos en la adultez más real, digamos… el promedio es de 25 o 26 años. En otras bandas tal vez la bronca es que hay edades diferentes, y tal vez lo más difícil es que la música no es lo que les da de comer y termina siendo solo un hobby. Más allá de Magpie, nosotros nos hemos dedicado a la música desde otros aspectos. A Feli le gustaba grabar cosas, luego yo lo copié y nos fuimos en la vara porque teníamos el tiempo para hacerlo. Ahora que estamos entrando a la adultez es más difícil porque la empresa tiene un ritmo constante, pero tal vez si hubiéramos empezado más tarde, tal vez no hubiera habido tiempo para hacer tanto desde antes.

Garita: Nadie depende económicamente de la banda. Esta vara siempre fue más como de compas y decidimos grabar porque en el cole siempre era algo que habíamos querido, y se nos dio la oportunidad. Las oportunidades se nos han ido dando y de repente nos topamos con la realidad de que, si queremos continuar, ya tenemos que empezar a hablar de platas y no solo eso, sino que tenemos que reestructurarnos y profesionalizar la vara y tomar decisiones para que el proyecto se vuelva sostenible para todos y no solo estar chiveando y produciendo. Habíamos podido producir mucho porque todo lo reinvertíamos.

Martín: Esta banda comió mierda como cualquier otra, tal vez más al inicio, pero la harina que hizo la reinvirtió; nunca hemos tenido que invertir de nuestros bolsillos.

Garita: No hemos ganado, pero no hemos tenido pérdidas. Para todos es la prioridad, y por eso también hemos ajustado el modelo para que sí ganemos algo. Hace un año no ganábamos nada, todo lo reinvertíamos en grabar videos. Ahora nos vamos pagando por conciertos y por las tareas que hacemos para la banda. Hemos cambiado el modelo para eventualmente verlo como un ingreso y darle una motivación adicional.

Fotos por Sebastián Blanco.

Martín: Eso implica que podemos dedicarle más tiempo. Ahora para nosotros es sostenible, pero ojalá esto fuera a lo que le dedicamos el 100% de nuestra vida. Por el momento todo el mundo trabaja en algún otro ámbito artístico, Apéstegui es arquitecto, Tuti (Suñol) trabaja en la radio, estudió derecho, pero no le gusta, Garita es fotógrafo, Felipe toca con otras bandas, a mí me gusta el tema de sonido. Como cada uno está en algo artístico, como que es más fácil hacer la transición en el día a día.

Y ahora hablemos de los cambios de sonido después de esa pausa. ¿Qué sienten después de esa pausa?, ¿qué cambió a nivel de lo que querían mostrar en Tragaluz?

Garita: en la parte de postproducción (de Tragaluz) tuvimos participación como músicos pero los productores llevaron la delantera y tomaron las decisiones. Por ejemplo, trabamos de cero una canción que estaba originalmente para full banda, pero de repente la regrabamos desde cero y quedó solo a guitarra y voz.

Martín: Muchas guitarras y bajos se recompusieron, unas partes las metieron en otro lugar. Ellos hicieron su parte con toda la libertad y le dieron por otro lado que nosotros no visualizábamos. Eso era lo que esperábamos al hacerlo con ellos.

Felipe G.: Un comentario de Tassara fue que ahora estábamos cambiando las estructuras de las piezas, ya no estábamos haciendo A-B-A-B, sino, por ejemplo -CA-F, Tassara hasta nos dijo que estábamos haciendo estructuras más de rock progresivo.

Martín: Además ahora las frases son más largas, por ejemplo las frases de Apéstegui pasaron de ser de 8 tiempos a 32 tiempos, el verso puede ser una sola frase. Eso te da una noción diferente.

Fotografías por Sebastián Blanco.

Felipe G.: Con la mano que metieron los productores, había que aceptar los porque fueron situaciones en que nosotros teníamos 10 meses tocando una misma línea y de repente ellos le decían que le metiéramos otra cosa. A uno le tocaba soltar, pelear contra el ego de uno y aceptar que era por el bien de la pieza que hacíamos el cambio. Breteamos bajo esa visión. Había cosas que dolían, pero así es como ellos bretean, arman y desarman todo.

Garita: Ccomo cirugía plástica es eso.

Martín: En algún momento de parte nuestra cedimos ese disco. A veces entrábamos en discusiones con Tassara en que nos gustaba a nosotros y qué a él, pero era algo meramente subjetivo y llegaba la hora de aceptar que él era el productor y que ese era el rumbo que iba a tomar. Algo interesante es que nosotros cambiamos de ingeniero de sonido para este disco porque Magpie era una banda que sonaba bien en vivo y que tratábamos de grabar con el mismo tono que a como sonábamos en vivo. Popeye (Jorge Noguera, a cargo de los dos discos anteriores) es un mae que graba muy limpio, pero nosotros queríamos algo más sucio en comparación con nuestro propio tono. Tassara en cambio pone las bateras grandes, esconde los bajos, pone las voces en la cara… Esta vez nos dimos cuenta de que nuestra música ya no se puede tocar exactamente igual en vivo a como suena grabada, porque terminó saliendo un disco diferente a lo que hacíamos antes.

Eso quiere decir que el resultado de la grabación incidió en la forma en la que están tocando ustedes ahora.

Martín: La mezcla y el proceso de producción de fijo incidieron. Nosotros no tocábamos así antes.

Garita: Normalmente nosotros jameamos grabándonos con una grabadora de ambiente, luego nos reacoplamos a la grabación, pero nunca ha sido tanto el reacople como con este disco. Popeye siempre había sido fiel al sonido que generábamos como una banda. De hecho luego nos habían etiquetado como que sonábamos igual al disco, pero esta vez más bien estamos bajo presión o estrés porque algunas cosas teníamos año y medio de tocarlas de cierta forma ahora se cambiaron que se cambiaron y hay cosas de producción que tenemos que reinterpretar. Eso es el reto de la vara, pero también lo hemos hablado pero ahora está bien que no sonemos igual al disco. El disco es una producción y en vivo es una reinterpretación de eso.

Martín: Ha sido difícil de aceptar que ahora vamos a ser esto otro, por lo que conceptualmente significa. Antes éramos la banda que sonaba ‘así’ y ahora somos ‘esto otro’. Ahora que hablaste de cómo los han etiquetado, cuando el grupo salió recuerdo que ustedes mismos hablaban mucho de la influencia de Red Hot Chili Peppers en ustedes y a nivel de sonido es notorio que eso se ha ido dejando de lado.

¿Para ustedes qué representa que eso vaya desapareciendo, ya sea consciente o inconscientemente?

Garita: Es una apertura. Nosotros siempre nos compartimos música, nos pasamos bandas y de ahí sale la referencia para la música que queremos hacer. Por ejemplo, a veces Apéstegui nos dice que quiere un verso como el de una pieza. En este disco, estábamos trabajando las piezas poniéndole el nombre de la banda que teníamos como referencia.

Felipe G.: Simple se llamaba Radiohead, Biopolitics se llamaba Foals. Skin of a Bear se llamaba Archade Fire…

Martín: Hay algo importante, que es lo que le dio a esta banda haber sido una banda de covers en su inicio: cada uno se hizo muy pichudo en su instrumento, con base en esa receta que representan los Peppers, o que representa una manera de hacer las cosas. Magpie era sobre hacer esa música, entonces era obvio que si estaban tocando covers todo el día de los Peppers eso iba a llevar algo. Eso, viéndolo ahora, era inmadurez musical porque es agarrar una receta y ponerla. Ahora este sonido nuevo siento que es producto de una banda más madura, con un sonido más real de Magpie.

Garita: No necesariamente más madura, esto nació de una inquietud y de la necesidad por cambiar y evolucionar. Creo que significa que estamos en la búsqueda de una identidad o más bien de algo distinto…

Martín: De algo genuino o algo propio. Esto es una mezcla de influencias, pero el resultado creo que es, por primera vez, un sonido propio de Magpie.

Garita: Para mí creo que es un tema obsoleto tratar de decir genuino o original, eso es mentira. Innovar es innovar a punta de referencias.

Martín. Pero uno sabiendo que la referencia de la banda era RHCP, ya hasta ahora uno busca salirse de la receta.

Ahora hablemos en función de este concierto en el Teatro Nacional. Ya han pasado más de 20 años desde que un grupo de rock tuvo un concierto de rock. ¿Cómo lograron ustedes que se les abriera esa puerta?
 
 Apéstegui: Pulseando. Desde mucho tiempo antes. El (concierto en el) Melico (Salazar) dio las credenciales necesarias para que nos tomaran en serio en el Teatro Nacional.

Arte del afiche para el concierto de MagPie Jay n el Teatro Nacional. Arte por Felipe Apéstegui.

Garita: Se venían maquinando dos cosas a la vez, la gestión de la grabación del Museo de Arte Costarricense y la solicitud para el concierto en el Nacional. Ambas con la guía de la Viceministra de Juventud, que ayudó a meter mano. También que ya veníamos con lo del Melico y ya teníamos un poco de credibilidad. Nuestro discurso para entrar a ambos fue reconectar estas instituciones icónicas, pero a la vez un poco a anticuadas para el público joven que nos sigue. Como que nosotros podíamos ser un vínculo para estas instituciones. Nos parece tuanis reconectar a gente con un lugar como el Salón Dorado (del MAC, donde el grupo recientemente grabó dos piezas en vivo) y también el Teatro. Digo que fue suerte porque ambas instituciones estaban con ese interés y deseo entonces estaban abiertas para algo así.

Felipe G.: También fue por ambiciosos, nos enamoramos de la idea de hacer un disco, luego la portada chuza y luego una buena presentación, que es esta. Aquí nos la creímos; pensamos que sería utuanis presentar un disco así, en un momento de un disco que marca un nuevo rumbo hacia donde queremos ir.

Garita: Mucho de esto es por Antonio (Rodríguez) que es súper insistente en cómo dar el próximo paso; él cree demasiado en la vara. A veces es él quien nos arrea, y nada más tiene la visión de que no tenemos nada que perder probando. Se toma el tiempo de ir, hacer la gestión. Eso nos ha mantenido en ese empuje.

¿Con dos presentaciones programadas ahí qué significa para ustedes a nivel de reto?, ¿viene con algún miedo incluido?

Garita: Obvio. Recibimos los masters esta semana, y todavía habían cambios de algo para lo que tenemos dos semanas para terminar de aprendernos los arreglos, dominarlos y estar preparados para el teatro.

Felipe G.: También hay un reto y es que la inversión a nivel de harina es mucho más grande para el show que para el mismo disco. Se siente una presión que es más como de que queremos lograr hacer algo de harina y que la vara sea chuza.

Garita: El Nacional es más caro que el Melico. En el Nacional antes entraban 850 y para este concierto están remodelando y redujeron el espacio. Ahora son 700 butacas, pero el alquiler es el mismo, entonces en ese sentido es una logística difícil. Pero ahora estamos aspirarando a un techo más alto.

Para muchas bandas presentar un disco es hacer un chivo y listo, pero ustedes tienen planeada una gira posterior a este primer concierto.

Felipe G.: Sí, ahora es como cuando empieza la temporada de fut. Dentro de esa temporada está el plan de darle un primer ideo al disco, para darle más color; queremos darle continuidad a México y ahora con Guatemala, donde vamos a ir a tocar una semana después del concierto en el teatro. Nos invitaron a tocar en un festival pequeño donde también está Camilo Séptimo y Alex Ferreria. No sabemos si nos van a pagar o no, entonces lo vemos como una inversión. ¿Por qué no invertir esta harina e ir a cantar allá?… Queremos crear un vinculo.

Garita: Pero moverse afuera es difícil, la última vez que estuvimos en México fue con nuestros contactos, fuimos a ver qué tal allá. No sabíamos nada, fuimos a chivear y nos topamos con fansillos.

Felipe G.: Pero nos dimos cuenta que hay que moverse, nos dimos cuenta de que teníamos que ira pulsearla más.

Garita: Es difícil. Queremos organizar una gira pero uno también toca con pared. Uno en serio no es nadie allá. Hay demasiada gente, en México nos escucha la misma cantidad de gente que en San José, pero proporcionalmente no es nada. En ese sentido lo hemos dejado en las manos de lo que pase, nos hemos concentrado esta vez en que el producto sea demasiado bueno para que brille por sí solo.

Nos hemos sentado a buscar blogs en internet, leer las contraportadas de los discos, meternos a buscar contactos, enviarle a todo el mundo y al final no pasa nada. Se trata de confiar en lo que tenemos, saber que todavía nos falta mucho aquí, donde todavía mucha gente no nos conoce.

Después de escucharlos hablar y que me contaran lo que conlleva esta breteada, los sentimientos encontrados y el estrés que puede conllevar este trabajo, ¿Qué los motiva a s sentir que todo eso vale la pena?

Martín: Creo que todos amamos demasiado la música. Más allá de que la gente se vuelva loca cuando estamos en el escenario, lo que me llena es que de repente nos nazca algo riquísimo en conjunto.

Felipe G.: A mí sí me emociona ver la emoción en frente.

Martín: Yo puedo vivir de hacer música, eso podría llenarme espiritualmente toda la vida. Que me reconozcan en vivo me llena el ego, pero para mí, con solo ponerme a hace unos acordes y que suenen rico, ese es el pico de satisfacción.

Garita. Ah no, yo lo veo de otra forma. Para mí tocar en vivo no es por ego. Para mí cada vez que me subo a un escenario es para soltarlo todo. Además, aparte de la música está toda la otra vara. Nosotros éramos compañeros del cole. Ahí nos juntamos porque adorábamos a los Peppers, veíamos conciertos de ellos, nos leíamos Scar Tissue, soñábamos con la vara y así grabamos el primer disco. Ese sueño compartido nos hace sentir en lo increíble de que el destino nos uniera. Ahora para mí lo principal es tocar en vivo y querer cada vez tocar en un escenario más grande, con más gente en frente.

Apéstegui: Para mí se trata de componer y darle jupa a una canción, eso es resolver un rompecabezas y es un proceso súper largo. Empieza con una idea muy cruda y luego involucra a más gente. En vivo es la expresión más honesta de la banda como es, porque es ponernos a nosotros cinco y ver cómo suena.

Garita: Uno va encontrando esa idea que quiere transmitir y eso es lo que me mantiene con la posibilidad de hacer un ejercicio personal de encontrarme como personas y ver cómo estimula eso a la gente. En ese proceso uno también se descubre como artista.

Martín: A fin de cuentas, se resume en que, al final hay puntos de placer en común. Aquellos que nos dedicamos al arte estamos más en contacto con nuestras emociones. Los artistas nada más estamos más conscientes de preguntarnos cómo nos sentimos sobre algo. La música nada más es meditación, es terapia… si agarro la guitarra tal vez, después de tocarla, no necesariamente me sienta mejor, pero al menos expreso algo. Más allá de Magpie, el ser músicos nos hace humanos diferentes. Un humano que hace arte es diferente a uno que no.