XY XX

No sé cuándo podrás leer estas líneas, lo que sí es cierto es que ya te pertenecen: cada palabra que se vaya construyendo aquí, es completamente para ti.

La única referencia tuya, ahora, es que tienes el tamaño de una manzana y que cuentas con 15 semanas de vida. Cada viernes, tu mamá me manda una página en la que se indica cómo creces, los rasgos que adquieres y las partes de tu cuerpo que se forman.

¿Y por qué lo hace los viernes? Se supone que justo ese día, ganas una semana de vida, ocupas un espacio más amplio en su vientre. Al parecer, estamos obsesionados con la precisión y con el tiempo, pero me gusta pensar que tú eres inmune a estos conceptos, que te expandes a un ritmo no escrito, a uno que no está sujeto a ningún tipo de ley.

Sí, lo sé, me he tardado un poco en escribirte. Prometo que no dejaré pasar tanto tiempo –de nuevo, la obsesión por esta idea abstracta– para que sepas algo de mí por escrito…

Por cierto, antes de que lo olvide, déjame decirte la primera vez que supe de ti: fue el pasado 15 de mayo. Ese día, Erika no tuvo que trabajar, así que comió conmigo, y en su rostro estaba la desesperación por gritar que estaba embarazada, sin embargo, no lo hizo, espero a que llegara a la casa para darme la noticia.

No mentiré. Después de darle un abrazo, inmediatamente pensé cómo es que íbamos a pagar tu universidad… Ya me conoces, a veces permito que una preocupación le gane a una (infinita) alegría. También prometo compensarte por eso.

Antes de irme, por hoy, te dejo mi pensamiento más recurrente contigo: ver tu mano junto a la mía.

Desde ya, desde siempre, te quiero.