Viernes.
Ver a través del vidrio. Hundir las manos en mucho arroz. El olor a chocolate derretido. La espuma en el café. El cielo nublado. La lluvia. La tierra mojada. Despertarse temprano sin razón. Los libros. Leer. Hablar sobre los libros que leíste. Caminar sola a la noche. No saber por qué salís a caminar. Repetir muchas veces una palabra. Olvidar cuál es el significado de las palabras. Recordarlo. Hacer garabatos. Que te chupe un huevo todo. Dormir. Dormir mucho. El pucho antes de entrar a casa o a cualquier lugar. El invierno. Las bufandas. Las manos en los bolsillos.Las miradas al pasar. El anonimato. El sol a la mañana. El sonido de las agujas del reloj. Inconstancia, inconciencia y lealtad. Los gatos. “A un gato” de Borges. Borges. “ — En su laberinto sobran tres líneas — dijo por fin — . Yo sé de un laberinto griego que es una línea única, recta”. La plaza. El pasto verde. Muy verde. Mirar al cielo. A la mañana, la tarde o la noche. La música. El violoncello. Dibujar muchas veces la clave de sol. Componer. Los pentagramas. Romper papeles en muchos pedazos. En especial, las cartas que ya no quiero conservar.
Y más que nada, enumerar todo esto sabiendo que son más que cosas.