Autoconvocados.

La indignación tiene sentido en el marco de la moral. Inclusive, en esta etapa de los acontecimientos, indignarse es casi un clisé. Ocurre en ese momento donde se cae en cuenta que la vacuidad se instala en el alma. La respuesta orgánica de la sociedad escasea, está inane; la maldad y la perversidad pasean orondas por las calles; miramos con desaprobación, se nos estruja la decencia y la prudencia nos convoca al silencio, a la omisión.

Viene al caso la argumentación por los recientes hechos vejatorios a la condición humana, en vivo y en directo. Alguien observaba: “Esto tiene que indignarnos y estimular algún tipo de respuesta colectiva”. Nada. Salvo alguna manifestación contraria a toda estética, o, quizá, una copia impensable de la estética oficial perpetrada por jóvenes cuya intención hubiese sido sana de no ser tan poca afortunada. Nada. Fue otro delito ejecutado frente a los ojos del mundo; un delito contra la civilización y el estado de derecho, contra la decencia universal.

Por estas calles también circulan impúdicos los saqueadores de nuestras fuerzas vitales. El hambre y las enfermedades, todas, las curables y las crónicas. No hace falta mencionar a los criminales de oficio, los ladrones, la corrupción campante. Todo ello constituye una obviedad que da asco repetir y denunciar a diario; es más, repetirlo es un irrespeto y una burla a todos. No dejemos de lado la forma vil como tasajean, con precisión quirúrgica, la condición humana. Nos cauterizaron el alma.

El tejido social sólo podrá ser restablecido si somos capaces de coordinarnos para establecer un cordón sanitario que acose y arrincone al régimen y cuya única opción sea entregar el poder. Necesitaremos exhibir todas las convicciones y las fuerzas de nuestra identidad libertaria. Ya no podemos seguir delegando la responsabilidad en una dirigencia apática, es nuestra responsabilidad, con nuestros hijos y con la república. Hemos de asumir que habrá costos que pagar, costos muy altos; esto no es nuevo para nosotros, hace doscientos años llevamos la libertad a muchos pueblos y en ello, patriotas entregaron sus vidas.

Estamos en la encrucijada: nos convertimos en ovejas o reunimos nuestras huestes para comenzar la Campaña Admirable; hoy sería para devolvernos la vida con libertad, independencia y prosperidad.

¡Muera la Tiranía! ¡Viva la Libertad!