El fuego del Padre Hurtado

por @paterfabian

“El corazón humano es tortuoso y no tiene arreglo” (Jer 17,9) sentenciaba el profeta Jeremías percibiendo el drama permanente de su propio corazón.

El corazón quiere todo. No se conforma con nada. Drama y grandeza de ser, de existir.

La fe cristiana cree que hay un hombre que es Dios; y si ese hombre es Dios, entonces no hay nada más allá ni antes que él.

Ese hombre-Dios no escapó de la tortura y de la muerte atroz sino que se entregó libremente por amor a los pobres indigentes. Pobres indigentes somos todos porque no tenemos nada salvo un corazón que quiere todo.

Ese hombre-Dios vivió y desgastó su vida por el otro y nos dejó un mensaje: “ustedes ámense como yo los amé” (Jn 13, 34), o sea hasta dar todo.

El corazón que quiere todo encuentra un nuevo anhelo y desafío: amar como no puede amar.

Éste fue el secreto de San Alberto Hurtado, cuya fiesta es hoy. El misterio y la clave de su vida fue que se animó a pararse sobre el abismo de su propio corazón y creerlo capaz de asumir la misión del hombre-Dios.

La caridad comienza cuando nuestro pobre y ambicioso corazón ansía meterse en el torrente del amor que el hombre-Dios le tiene a los pobres. Entonces aparece en la pobreza de la propia vulnerabilidad una fuerza que nos hace capaces de todo por amor.

Eso hicieron los santos: encarnaron el amor de Cristo, le dieron su corazón para que Él ame desde allí.

El padre Hurtado amó hasta el extremo a los pobres, porque se metió en el fuego del amor de Cristo a los pobres. Fuego que da vida y anima pero también consume y devasta. Cristo es el fuego que enciende otros fuegos… la caridad es dejarse quemar.

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