Buscando la salamanca hasta los montes llegué

Patricio Barría

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Escultura en pared de barro, culebrón de dos cabezas, pared de mi casa en Córdoba, hecha por mis manos. foto: archivo personal.

Partimos con el primer escrito, de una serie de relatos salamanqueros que quiero compartir con ustedes. Pero para ser justo, antes de empezar con historias de otros, vendiéndolas de pulcro observador externo, debo empezar por mi mismo, desnudándome, narrando mi viaje en el rastro de la Supay Wasi, La Casa De Los Ancestros.

Esta primera historia, que paso a contar, transcurre en un pueblo del noroeste argentino, aparentemente un pueblito más, dentro de los cientos que hay desperdigados por su extensa geografía. Esa fue la simiente de donde salieron los Diaguitas Kalchaquís, braví@s guerrer@s que pusieron en jaque por mucho tiempo a los conquistadores “alienígenas”, cosa que va a volver a suceder, en esta vuelta o en otra. Son parientes de los elquinos, Copayapus, Chanquoquíes, entre otros, llamados ahora por la oficialidad estatal Diaguitas chilenos, cosa no tan errada, si pensamos que en nuestro Valle Del Elqui habitaron tanto Los Diaguitas como los grupos llamados Chiles/Chilenos (estos últimos con su epicentro/pacarina en el Valle De Aconcagua y hablantes del mapuzungun). Incluso es probable que en algún momento formaron parte de un mismo ayllu (las dos mitades del valle). Así qué, aquí mismo, propongo una interpretación multiétnica de la identidad, cultura e historia del Valle De Elqui que considere esa realidad. El llamado es a subvertir la lógica etno-burocrática estatal que cosifica, delimita, nacionaliza y re-coloniza los pueblos, pero bueno, lo que quiero remarcar al comenzar con esto, es otra cosa, es que salí rumbo al noroeste argentino, desde este lado de la Cordillera De Los Andes, desde La Casa De Gabriela Mistral, quien dijo estas palabras de poder hace décadas, un conjuro dentro de cuyos efectos me encuentro poseído:

“en la labor de enhebrar las cuentas de las noticias arqueológicas, en el menester de soldar dato y dato paleográfico. Nosotros pondremos algo superior a la ciencia misma: el recordar, el reconocer, el reencontrar nuestras entrañas y decirlas largamente”

Entonces, para encontrar a esos guerreros y a esas abuelas sabias y guardianas del otro lado y poder volver con la experiencia que necesitaba, así como atesorar la mayor cantidad de historias que me sean posibles de traer, es que crucé las alturas nevadas donde viven los mas grandes señores y descendí hacia aquellos valles ubicados atrás de los Mallkus.

Mural de Gabriela Mistral del muralista Fernando Daza.

La llamada del Supay

Era el año 2012, el año del fin. Primero les cuento de donde viene la cosa. Para aquel entonces ya me encontraba absolutamente seducido por el embrujo del Supay (otros dicen que es el llamado del diablo y arrancan), su llamada me había cautivado años atrás; pero si lo recuerdo bien, creo que podría retrotraerse, aquella seducción, hasta mi tercer año de vida, cuando mi abuelita, aconcaguina neta, comenzó la inspiración en mis recuerdos de los misterios de los tue-tues, esos mentados brujos que durante la “metamorfosis shamánica”, vuelan con su cabeza, que al desprenderse de su cuerpo, se transforma en ave. Poco a poco los misterios de la tradición salamanquera ch’ixi de la zona central y norte chico de Chile fueron criándose en mi, es la tradición de mi abuela y de la abuela de mi abuela y origen de mi andar subterráneo. Sin embargo, la potencia del recuerdo que me ha insuflado, alguna vez, el abuelito que es el dueño/guardián del San Pedro, me ha llevado a otro nivel del recuerdo al despojarme de la ilusión del tiempo. Claro que sí, es tremenda sorpresa experimentar que el tiempo es solo una ilusión y nuestra realidad cotidiana, eso que nosotros creemos que es la historia de nuestra vida, sin ser falsa, es solo un detalle dentro del todo, un par de fotos dentro de la película, lo primero es ver la película completa, en la cueva-cinema. Mi aliado/compañero/maestro/embajador, la sagrada llave de la puerta por donde entré, me ha revelado cómo el llamado de la salamanca, me conduce a mi propio destino, a mi propio Supay. Al fin y al cabo, “entregar el alma al Supay”, lugar común en las leyendas sobre la salamanca en todos lados, es entregar el alma, nuestra sombra, a nuestro propio destino, destino trazado por una cadena de seres que están antes y después que uno, cadena de la cual somos un eslabón. Entregar el alma al Supay es actuar al unísono con el multiverso, o por lo menos actuar en bloque con la fracción del todo que corresponde al linaje subterráneo de uno, despojado del tiempo, unido al territorio, ahí está la gracia. Ese es el actuar preciso para nosotros.

La enfermedad espiritual, bien conocida en el medio, que asola a determinados actores, es la forma en que la salamanca llama a algun@s, la famosa llamada del Supay, pues, a eso me refiero; claro que por ahí a otros les bastará con oír un bombo leguero y seguir su origen en medio del monte santiagueño, para de esa manera, con el llamado de los cueros, encontrar el camino hacia la puerta del secreto de si mismos. Volviendo al hilo, el origen de esa sagrada enfermedad es un tema, pero de que te sacuden hasta que vuelvas a ocupar tu lugar en la sagrada cadena de la vida y los ancestros o de lo contrario desaparezcas de esta tierra, es evidente.

La cadena del diablo

Es la cadena que nos ata a la verdad de lo que somos. La “naturaleza” ha sido satanizada por el adversario, por el invasor y el violador de nuestra sagrada madre, por nuestro enemigo. Solo de esa manera es posible que nosotros participemos y/o avalemos la destrucción de nuestra Santa Tierra. Nosotros somos la naturaleza, no hay nada afuera de nosotros, deja de mentirte, deja de mentirnos, la naturaleza y nosotros somos uno. Los diablitos son espíritus señoriales, son sus hijos que sufren por la destrucción y claman justicia. La venganza llega como justicia. El verdadero mal viene de los gerentes del imperio, los artífices clave del matricidio global. Vamos moviéndonos ¿de acuerdo?

Volvamos a la historia primera. Era el año 2012, el año del fin, yo estaba al otro lado, atrás de la casa de mis Apus, estaba de fiesta el pueblo, entonces yo también. Chacareras, gatos y escondidos (folclore trasandino). El vino corría como aluvión, desparramado el piso como sangre después de la batalla. Buscaba alguna señal, algo que me mostrara el camino hacia la cueva/puerta, todos decían que la cueva estaba en el campo, en el monte, cerca del camping, por el camino de tierra.

Para los que no saben sobre la Supay-señalética: las señales son adivinanzas con las que se comunican con uno, un lenguaje localizado, sagrado y contextual que uno aprende al ir poniendo atención en la ruta. Pero al principio no más, se juega a las adivinanzas como un niño aprendiendo el juego analógico, después debería ser ducho uno mismo, en devolver respuestas, en lanzarles contra-señas a los espíritus señoriales usando el arte que le han enseñado los señores mismos, los cuales ya no tendrán la misma paciencia luego del juego inicial. Hay que decirlo ahora: la salamanca no es para débiles, cómodos, ni cobardes, la puerta esta protegida por un terrible y la vuelta que das para encontrarla puede demorar años, me han dicho que hasta generaciones, si es que no te pierdes en el camino, pero no se preocupen, ya que si lo nuestro es ese camino, ellos se encargaran de ubicarnos. Volviendo al tema del lenguaje sagrado de señas: para los mapuches, por ejemplo, un reche que no sabe dialogar con los espíritus del lugar es un objeto de vergüenza y burla, así como a algunos “civilizados” les parecen de mal que las personas no sepan escribir. La vara con que se mide al hombre es otra. Aunque también, muchos por ahí, bien vestidos de indios, tampoco saben de como se dialoga con las potencias salvajes, su ceremonia-show es más para avivar la cueca de los etnoburócratas del estado y de los crédulos, qué otra cosa. Es teatro del gobierno de la diversidad étnica nacional. La salamanca es lo diametralmente opuesto, vamos por abajo y por adentro, el estado no tiene jurisdicción en el inframundo.

Las cabezas de los brujos

Volviendo a la historia, algo había en ese escenario festivo, algo que me pareció ser solo una teatralización, una performance, que te hace creer algo que no es, lo mismo que los espectáculos étnicos estatales. No me convencía del todo lo que veía, como cuando uno se da cuenta que está soñando porque todo el escenario es absurdo. Algo me hacía sospechar que el telón se iba a rajar en cualquier momento e iba a emerger otra cosa, que estaba tras bambalinas.

chaya.

Entonces decidí investigar la fiesta misma, en el mismo momento en que ocurría. Mal que mal soy un rastreador me dije, así llegue solo hasta el otro lado de la cordillera, sin que nadie me conduzca de la mano y encontré mucho mas de lo que creí que pudiera existir. Entonces empecé a interactuar con el ambiente en “modo cazador/recolector”, acechando el rastro de los ancestros. Las calles del pueblo estaban llenas de gente (no es mucha la gente en esos pueblos pero las calles son pocas y se llenan igual), música y fiesta por todos lados, guitarreadas en los patios, bombos legueros en contrapunto. Entonces, entré y salí de varios bares que hacían de peñas y de patios abiertos al público donde se turnaban los cantores.

En una de esas entradas, había un bar habilitado para la ocasión, en el salón principal no veo nada de mi interés, pero veo una abertura que parece conducir a otro salón anexo, entro. Ahí estaba la rajadura del telón que necesitaba. Era solo una pequeña habitación cuadrada, de unos seis por seis metros cuadrados. Habían unas seis mesas pequeñas y cuadradas también. Alrededor de esas mesas habían sentados entre tres y dos paisanos por cada una. Todos ocupaban su puesto, vasos llenos, muchas botellas en cada mesa. Los paisanos bebían alegres como cualquier otra persona en la ocasión. Todos conversaban concentrados en sus mesas y vasos, nadie tocaba música ni bailaba, eran solo individuos masculinos que parecían de 40 -50 años en promedio. Tampoco era exactamente un espacio V.I.P. , pero en relación al salón principal se podría decir que algo de especial estaba implicado en ese lugar, más restringido a al público. Cuando entro al lugar nadie me mira, el ruido de la música exterior se escucha más apagado que en el salón principal. En el momento que ingreso justo va saliendo la moza que traía las bebidas, quedo parado como a un metro del umbral. Miro a alguien que estaba sentado en la mesa mas próxima a la entrada. Ahí empezó la “ruptura perceptual”, empecé a ver. ¿qué mierda pasa? Me dije a mi mismo. Un halo verde parecía recubrir la cabeza de esa persona, era algo que mutaba en su densidad, como si fuera un “humo” de color verde que está en movimiento, y al hacerse mas denso parecían granos de arena de color verde que se unían y des-unían en un movimiento inteligente.

Al mismo momento que acerco mi mano para saludar a esa persona, le digo sin rodeos:

-Maestro ¿usted es brujo?

Me miró asombrado un segundo (mientras yo hipnotizado miro lo que hay alrededor de su cabeza), él inmediatamente cambia la “cara de interrogante” por una leve sonrisa y responde estirando su mano para responder a mi saludo:

-Si amigo, soy brujo.

Entonces levanto mi cabeza para ver si alguien más en esa habitación está pendiente de ese diálogo y quedo pasmado con lo que veo: todos los que estaban sentados compartiendo festivamente en esa pieza poseían alrededor de su cabeza esos humos densos y cambiantes de colores. Ya no eran solo verdes, otros tenían ese mismo “humo” en movimiento, pero de color rojo. Le pregunto inocentemente al hombre:

-¿todos son brujos?

Mi respuesta anímica frente a tal escenario fue reírme desaforadamente, creo que de esa forma, instintivamente, canalicé el terrible sentimiento de estupefacción que me vino. Ahí todos me miraron y empezaron a reírse también. La persona que saludé me respondió en voz alta:

-Sí todos somos. Y añade: mira lo que hace el amigo Carlos, y mira hacía la mesa subsiguiente en complicidad con su interlocutor.

Entonces ese tal Carlos se levanta de su mesa y se acerca a mi (para este momento ya todos estaban pendientes de la situación), se pone a dos metros de mi, su cabeza poseía un humo rojo muy grande, signo de que su Arte es diferente que el de la primera persona. Principia su teatro mágico de exhibición: se concentra en su acto levemente y su humo rojo empieza a arremolinarse sobre su cabeza y empieza a crecer de manera terrible y se hace mas denso. Yo no lo miro a él, sino, estoy abstraído en el espectáculo que hay sobre su cabeza. En ese momento mi respuesta es un feroz ataque de risa acompañado de palmas, como si estuviera en un circo bizarro o algo así. Todos se contagiaron con mi risa, una risa desaforada, sigo aplaudiendo hasta que el humo creció tanto que me sentí amenazado. De un momento a otro siento que cerré mi alma, y me puse totalmente serio. Levanté mi brazo para gesticular las siguientes palabras, solemnemente, para todos los que presenciaban:

-caballeros: ha sido un gusto, un honor conocerlos, pero me tengo que retirar.

Y rápidamente me borré del lugar. Al final, mi alma es mía y yo decido en que cadena poner mi eslabón. De todos modos esos brujos me perdieron en un remolino rojo, durante años extravié la senda, hasta que desperté saliendo de una salamanca en La Casa De Gabriela Mistral, o sea en mi punto de partida. Así fue, tal como cantan los Manseros Santiagueños:

Fue mucho mi penar andando lejos del pago

Tanto correr pa’ llegar a ningún lado

Si estaba donde nací lo que buscaba por ahí


Perderse es parte del camino y si no me hubiera perdido, no hubiera necesitado encontrar nada. Ese camino y su consiguiente extravío, ya ha sido ejecutado cientos de veces por distintos eslabones, humanos y no-humanos de nuestra tierra, una historia constantemente re-creada.

Ahora, después de todo lo andado, he visto cómo no es real la linealidad del tiempo histórico. Uno cree, que el orden de la historia, es que uno busca la salamanca y la encuentra cuando tiene el valor suficiente para entregar su alma, pero es al contrario, la historia es al revés: lo que realmente pasa es que uno sale primero de una salamanca, antes que todo, desde las profundidades de La Santa Tierra, mucho antes de hacerse carne en este mundo. Nacemos primero desde un útero de piedra y posteriormente desde una vagina del mismo material, o sea desde una cueva/puerta. La Pacarina,el origen del origen, de esta cadena que relato para ustedes. Por lo menos así es en esta historia, otros por ahí, dicen que salieron del Titicaca o de la piedra sagrada de retricura en el sur, por mencionar ejemplos, incluso he visto en-sueños a unos que salen de un Árbol. Nacemos al revés de lo que creemos. Por eso, en el campo salamanquero, recordamos lo que somos antes que aprender algo nuevo. El Arte es recordar, cada uno tiene el suyo específico. Yo recuerdo que somos una historia antigua que debe ser contada, siempre renovada, soy memoria, soy historia, es mi gracia, es mi Arte. Gracias por compartirlo.

Apu Aconcagua. foto: archivo personal.