El Slow Running

Alma y yo slowrunneando por las ruinas del Estadio en la Antigua Olimpia (Grecia)
“I’m not like them. But I can pretend (…) And I’m having fun. I think I’m dumb. Maybe just happy”- Dumb. Nirvana

Empecé a correr hace justo un año. En estos doce meses dice Cardio Trainer que he recorrido 565,1,8Km. en 15 lugares distintos del mundo. Yo en realidad sé que lo que me he recorrido es a mí misma.

Mi amigo César, en su estado de Whatsapp tiene un “En ocasiones veo runners…” que a mí siempre me ha hecho muchísima gracia. Porque es una verdad muy verdadera. Los runners (que es como nos ha dado en la postmodernidad por llamar a la gente que practica el footing de toda la vida de dios) son-somos como una plaga. Yo estoy convencida de que es una moda pasajera que igual que llegó, se irá. O no, puede que se quede para siempre. Y se expanda. Y el mundo se vuelva fluorescente.

Me espanta el mundo runner. Huyo de las conversaciones sobre zapatillas, no leo blogs, ni foros, ni tuits, ni a gurús de esos que se supone que corren como el viento. Pero he aprendido a disfrutarme corriendo. Porque he construido un running a mi medida. Lo llamo el Slow Running. Puede que tú lo practiques y no seas consciente. O sí. Entoces sabes que no eres como ellos.

En el slow running corres para ganarte a ti, no para competir en carreras llenas de testosterona.

En el slow running te da tiempo a dar los buenos días diez veces a los lugareños con los que te cruzas por el camino. Porque no vas al límite, y entonces eres capaz de articular palabras, no sólo jadeos.

En el slow running, cuando las cosas se ponen difíciles, sencillamente aminoras la marcha. Como tienes la absoluta certeza de que al lugar al que te estás dirigiendo está dentro de ti, no tiene mucho sentido acelerar ningún proceso.

En el slow running corres la mayor parte del tiempo con la mirada posada en el suelo, porque tu prioridad es dar pasos firmes y salvar los obstáculos. Sabes que lo importante es el camino, no hacia donde te diriges.

En el slow running tu música no acompaña el ritmo de tu trote. Lo que escuchas tiene un significado, ha marcado un momento importante en tu vida. Así que puede ocurrir que cuando mejor ritmo lleves sea cuando suena La Gaviota de Silvio Rodríguez o Sirens de Pearl Jam, porque esas son canciones que te conectan con los auténticos latidos de tu corazón.

En el slow running si ves una foto que necesitas sacar de tu mirada y tu mente, te paras, disparas y continuas. Porque entiendes que ganas más haciéndolo, que dejando pasar esa oportunidad.

En el slow running te vistes con colores fosforitos si ésa es la ropa que has encontrado de oferta en Decathlon, pero intentas evitarlos, porque en el fondo te perturban los ojos. Y el alma.

En el slow running te dices a ti misma al terminar cada entrenamiento que lo has hecho muy bien aunque casi hayan tenido que ir a rescatarte a una cuneta. Y te felicitas delante de tu hija para que aprenda que hay que quererse y ser benevolente con una misma. Y entonces ella te llena los brazos de sellos como premio.

El slow running es una herramienta para encontrar tu propia manera de hacer las cosas. Es una puerta a la autenticidad. Y sabes que tiene sentido porque va de la mano de la práctica del Yoga, que te ayuda a procesar sus enseñanzas.

Así que si algún día te cruzas conmigo, enfundada en colores imposibles y corriendo como si no hubiera mañana, no creas que soy como ellos. Tan sólo lo parece.