La mochila de la infancia

Todos los días me levantaba a la misma hora; 7:30 hrs , sin necesidad de utilizar ningún despertador. Aunque, actualmente, no disponga de memoria fotográfica y recuerde con poca nitidez mi imagen en frente de la televisión; nunca se me olvidarán las lecciones de esos monstruos súper-sanos que me ayudaban a sumar y a restar. El lugar que habitaba en la mente de nosotros, los niños, se llamaba ‘Barrio Sésamo’. Con la exitosa serie de animación muchas generaciones en compañía de Epi, Blas, Coco o el monstruo de las galletas; aprendimos colores, letras, números y también, la ética de la bondad y el compañerismo.

Sin embargo, las series de televisión no siempre fueron un ejemplo para los niños. Pipi Lastrum, también conocida como‘Pipi cazaslargas’ se instaló en nuestros subconscientes rompiendo todos los esquemas didácticos. ‘Pipi’ fue una llamada a la individualidad de nuestro yo niño, pues con sólo nueve años; vivía únicamente con su mono, ‘el señor Wilson’ y su caballo, ‘Pequeño tío’. La niña de pecas y trenzas tiesas, era huérfana de madre, su padre era pirata y no iba al colegio como los demás niños. Hace más de 70 años que se dio a conocer la historia de la niña independiente que desafiaba a los adultos serios y se negaba a crecer. ¡Cómo no voy a acordarme de esa amiga que con sus medias, una de cada color, me ofrecía hacer lo que sentía y no lo que debía!

Foto extraída de Fórmula TV

Es inevitable olvidarse de los Alpes, del abuelo, de Pedro, de Clara, las cabras, la señorita RotenMeier y en especial, de Heidi; Adelaida era la fea forma de nombrarla. Todos, tanto los niños de ahora, como nosotros, los niños de antes; han escuchado hablar de la niña de las montañas o cantado el “abuelito, dime tú”. Franfurt simbolizaba para Heidi: la ocultación de los sueños, la obligación y la falta de libertades. Las montañas eran todo lo contrario. En su lucha interior por volver a los brazos de su abuelo, consiguió aportar algo de bondad a los personajes de su entorno, salvo a la señorita Rotenmeier que la hizo la vida imposible durante su estancia en casa de su amiga Clara. No obstante, la exitosa historia dramática dejó las enseñanzas más valiosas para un niño: el valor de la amistad y el optimismo que ayudó a Heidi a tener finalmente, una vida feliz.

Mi mochila pesaba demasiado. Podría casi asegurar que más que el bolsillo mágico de ‘Doraemon’, el gato cósmico, inseparable amigo de Nobita que lo salvaba de las manos de Gigante y su secuaz, Suneo . Doeramon era también el mismo gato azul que lo ayudaba a obtener las mejores calificaciones, a conquistar a Sisuca. Tan pronto hacía aparecer una puerta rosa como sacaba el borrocóptero. Siempre que Nobita llegaba a casa bañado en lágrimas, ‘Doraemon’ no dudaba en auxiliarlo a cambio de un ‘dorayaki’, por supuesto.

En mi mochila también hubo espacio para el ‘Inspector Gadget’, un detective torpe que luchaba contra los crímenes en compañía de su sobrina y su perro.

Aún recuerdo con cierta nostalgia; a los traviesos bebés en pañales; ‘Los Rugrats’. Mi yo del pasado tampoco olvida a las gárgolas parlantes, criaturas nocturnas que hacían travesuras a los humanos y mucho menos a ‘La vaca y el pollito’, ‘Jake Long, el dragón occidental’, ‘Catdog’, ‘Garfield’, ‘Daniel, el travieso’, ‘Oliver y Benji’, ‘Digimon’, ‘Pokemón’ ( “Házte con todos”), ‘Tom y Jerry’, ‘Popeye’, la familia ‘Picapiedra’, ‘dinosaurios’, ‘Scooby Doo’, ‘La banda del patio’, ‘Los pitufos’, ‘Las tres mellizas’, ‘Marsupilani, ‘Arthur’, ‘Pingu’ o ‘Sabrina’.

Collage hecho por mí

Cuando era pequeña recuerdo que aparte del recreo, mi mejor momento del día era esa hora; el desayuno, únicos minutos en los que podía disfrutar de mis dibujos preferidos. Por otro lado, recuerdo como mi yo niña deseaba que llegara el fin de semana para sentirse una tortuga ninja más, creer por unos instantes que se encontraba en el mundo ‘Pokemon’ o que ‘Doraemon’ la rescataría de todo aquel que quisiera hacerla daño. Sí, lo admito, en esos momentos, crecí dentro de una burbuja imaginaria en la que el bien siempre triunfaba y el ‘TEAM ROCKER’ nos esperaría de nuevo para hacer de las suyas, pero siempre fracasaría. Con un aspecto infantil eterno, aún sigo conservando sobre mis espaldas, esa mochila.

¡Nos leemos!

Artículo escrito por Patricia Fernández

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