PAÑUELO VERDE

Tuve un día largo y agotador. Estoy de mal humor. La tensión me hace sentir que tengo los hombros a la altura de las orejas. Quiero llorar, o putear, o romper algo.

Sigo triste y enojada, por este mundo injusto, patriarcal, capitalista. Sigo llorando a Emma, víctima del femicida Ariel Osvaldo Baez. Por ella y por todas las que no están. Y también por las que están, y tienen que cruzarse con su agresor, mientras un gran porcentaje de conocidos la juzga por denunciarlo.

Me subo al micro pensando en ellas y en otras tantas cosas que duelen y enojan en la era macrista. Ayer la gente con tarjeta del Banco Provincia hizo cola desde la madrugada y se peleó por un carrito. Hoy hubo represión a los trabajadores que tomaron la fábrica PepsiCo por despidos. Mientras tanto unxs cooperativistas piensan estrategias judiciales para encarar la denuncia que les hizo el gobierno de Julio Garro por protestar.

Tengo la cabeza tan saturada que me bajo mal del micro. Me doy cuenta que faltan seis cuadras para llegar a casa y pienso que me viene bien caminar un poco. No llego a completar dos cuadras y tengo miedo. Es de noche y miro mal al pibe que levanta la basura, al chabón que pasa en bici y al que viene de la mano de enfrente con las manos en los bolsillos. Los miro mal para que sepas que no les tengo miedo. Aunque sí, les tengo miedo.

Me pongo la capucha. Como mi amiga, Ana, ella se pone la capucha cuando está enojada. Y bueno, lo intento, capaz que ahí adentro, en el mundo de la capucha todo está bien. Pero no. Sigo teniendo miedo. Le mando un audio de whatsapp a mi hermana y le cuento la secuencia. Pienso además que si me vienen a hacer algo y justo estoy grabando va a quedar registrado.

Pasan cinco cuadras así, hasta que de la mano de enfrente una piba de unos 30 años se suma a la caminata. Se ve que va para el mismo lado. Me quedo más tranquila porque ahora estamos juntas. Nos miramos de vereda a vereda sin decirnos nada. No es necesario.

Tengo que doblar pero no quiero dejarla sola. La miro y me mira. Levanta la mano y me hace un gesto con el dedo gordo, como el “Me gusta” pero de costado y me sonríe. Dobla para el lugar que señaló y entra a una casa. Antes de perderla de vista la luz de la calle ilumina su mochila y llego a ver un pañuelo verde colgando. Es el de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, legal, seguro y gratuito.

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