Mi mano descansa aún sobre tu hombro.
Y en la pantalla se vislumbra
abajo del vaso que sostienes
un fragmento de mi sonrisa.
Muñecas rotas,
frankenstein
del reciclaje virtual.
Mi corazón como una bomba de clicks.
Mi reloj marchito por las horas infrarojas
del desamor.
Nos dejábamos besar por unos cuantos pixeles.