
A veces.
A veces tengo la sensación de que no percibes la necesidad que tengo. Esa necesidad de rozar tu mano queriendo, de pasar mis yemas por tu mejilla, de besar tus ojos.
A veces tengo la sensación de que no estás atento, de que no observas con atención todo lo que nos espera detrás de ese pestañeo, ese seseo incesante de cada aleteo de dichas pestañas, cada ola que provoca y cambia continuamente nuestras vidas. Todo lo que hay tras ese abrazo, dos pieles en contacto que buscan consuelo la una en la otra, al desnudo, al frío.
Y sin quererlo, no prestas interés a lo que puede significar todo eso, toda una vida llena de pieles en contacto, de oleadas de pestañeos, de yemas posándose en cada lunar.
Y sin buscarlo te alejas, te alejas de todo aquello que de verdad debería importar, de todo lo bonito, de toda la felicidad. Te marchas y lo dejas al frío, lo descuidas y buscas con qué distraerte por otro lado, algo que te haga olvidar todo esto. Y el daño nace, abriéndose camino por los órganos y costillas, por los tendones y piel, rasgando desde dentro hacia fuera…devastando todo a su paso. Convirtiéndose en una masacre llena de amor, una guerra en la que sus combatientes son la mente y corazón, tu y yo.
Ojalá pudiera borrarlo todo, hacer que el dolor se desvanezca, que los miedos no vuelvan a aflorar, que se conviertan en inocencia. Me encantaría que tus ojos, todo el universo que hay en ellos, me mirase sólo a mi. Que yo me convirtiera por siempre en esa sensación que te acompaña siempre, esa sombra que te protege en tus caídas, ese foco del que no dejarás de estar cegado nunca. Ser esa canción que siempre tarareas, tu palabra favorita, tu aroma. Y que me recuerdes en cada aroma, cada estación, cada atardecer o amanecer pero que me recuerdes.
No quiero perdernos ni un segundo más, nunca.
Dos corazones rotos pueden curarse, ¿podemos cicatrizarlo todo y empezar de cero? Aún es de noche, hace frío y tengo miedo. Aún siento ese peso que me oprime el pecho, consigue que tenga tras los ojos un mar entero, y tu, tu navegas en él, tu pensamiento vaga por ese mar. Me pregunto si a ti te ocurrirá lo mismo…
Ahora duermes y yo no dejo de recordarte, de algún modo oigo tu respiración, pausada, y me pregunto que estarás soñando.