Cartas de E:

“Quiero.

El día en que la besé por primera vez, cuando la dejé para que volviera a casa y yo a la mía, tuve que soltar lo que llevaba dentro. Así que llegué, subí a mi habitación y cuando cerré la puerta empecé a bailar, a tararear, a cantar. Aún no entiendo cómo pude verme como Gene Kelly cantando bajo la lluvia aún estando encerrado. No necesitaría paraguas jamás teniendo ese diluvio emocional sobre mí, me sentí tan lleno que no podía parar de imaginar cómo y a dónde iría lo que habíamos empezado.

Siento que me necesita, que tengo estar ahí por ella, para ella. Quiero ser yo quien la levante cuando otros o ella misma la hagan caer. A cada mirada se lo noto, no quiero que esté sola o con alguien que no la mire mientras duerme, que no aprecie su pequeño pecho moviéndose armónicamente con su respiración, sus risas mañaneras. Quiero comer tostadas francesas hasta que eche canela cada vez que estornude, quiero ver su ropa interior esparcida por la habitación. Quiero el escenario de un crimen donde la víctima sea la soledad y nuestras cabezas tengan un precio. Quiero que me robe los momentos más bonitos de mi vida y los haga nuestros, que me allane el miocardio y me haga funcionar.

Quiero más de lo que ella jamás creyó que pudiera dar, andar juntos de la mano y medir nuestras vidas en estaciones y no en años.

Quiero tanto, nos quiero tontos”.