La nada.

Cuando el silencio entre dos personas comienza a ser más estruendoso que el propio ruido, es entonces cuando sabes que algo no va como debería.

Cuando ni las lágrimas hacen acto de presencia y lo único que queda es un vacío emocional, es ahí donde sabes que el daño ha calado tanto y tan fuerte, que el cuerpo está en ese estado de apatía, de shock.

Cuando lo único que haces es huir de toda emoción y desconfiar de cualquier acto, sabes que te han roto tantas veces que ni el tiempo te rescatará esta vez.

Y llega un punto en el que simplemente te has cansado de ser esa marioneta que jugaba a ser titiritero.

Llega ese momento en el que abres los ojos y lo único que deseas es poder volver a cerrarlos,

simplemente por no ser lluvia ni un día más.